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La reforma fiscal y los engañosos ataques en su contra

Con la introducción de la ley de reforma fiscal “Reavivemos a las pequeñas empresas”, la reforma tributaria está a la vuelta de la esquina. Este proyecto de ley reduciría los tipos impositivos de las pequeñas empresas y simplificaría el código tributario, fomentado la creación de empleo y el crecimiento económico.

Pero la reforma fiscal (a pesar de su impacto positivo en la economía de Estados Unidos) sigue teniendo críticos, que no toman en consideración la importancia de la pequeña empresa. Una reciente columna de opinión afirmaba que, aunque esta ley limita el tipo impositivo a las pequeñas empresas al 25%, “apenas un 2.5% de los pequeños empresarios tienen los suficientes ingresos como para tener derecho al tramo fiscal individual máximo (39.6%) o al segundo tramo más alto (35%)”. Se supone que “sólo un millón [de pequeñas empresas]” pagan el tipo impositivo empresarial de casi el 40% (el mayor de todos los países desarrollados), lo que convierte a esta versión de la reforma fiscal en una pérdida de tiempo. Estos críticos argumentan que “eliminar los vacíos legales” para las grandes compañías debería ser la verdadera prioridad.

En primer lugar, un millón de pequeñas empresas son muchas empresas. Puesto que la pequeña empresa promedio tiene seis empleados, un millón de pequeñas empresas supone hablar de cientos de miles personas, tanto empleados como de las familias a las que sustentan.

En segundo lugar, los críticos de la reforma fiscal pasan por alto que la ley de reforma fiscal “Reavivemos a las pequeñas empresas” ayudaría a cada una de las pequeñas empresas de Estados Unidos a través de una disposición clave: un tipo impositivo del 12% para los primeros $150,000 de ingresos de las pequeñas empresas. Esta reducida carga tributaria ayuda a los pequeños empresarios en los primeros momentos, cuando están solicitando un crédito, contratando a sus primeros empleados y explorando posibles planes de expansión. Los primeros $150,000 de ingresos de una pequeña empresa suelen coincidir con un periodo en el que estas empresas se juegan su propia existencia. La reforma fiscal garantiza que el gobierno ayude a estas incipientes empresas en su arranque, en lugar de ponerles impedimentos con impuestos abrumadores.

Quizá lo más importante sea que las pequeñas empresas ya nos han dicho lo que sienten respecto al sistema fiscal de Estados Unidos. Según nuestra encuesta, dos tercios de los pequeños empresarios están de acuerdo con que los altos impuestos y la complejidad fiscal amenazan la viabilidad de sus empresas. Temen el exceso de gravámenes, no los vacíos legales para las grandes compañías. Tengamos las cosas bien claras.

 

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