El domingo pasado, en una entrevista en el programa 60 Minutos, el presidente Obama se refirió a las problemáticas relaciones con los gobiernos de Medio Oriente como “baches en el camino”. Estos “baches” (fallas, en realidad) son el resultado de una política de actuación basada en una profunda ingenuidad y cortedad de miras. El Gráfico de la Semana muestra algunos sucesos clave relacionados con la región desde que Obama ocupó el cargo.
Cuando llegó al cargo, el presidente Obama se intentó retratar a sí mismo como la antítesis del presidente Bush. Utilizando un tono conciliador en su discurso de investidura, el presidente Obama dio una imagen de debilidad en lugar de una de liderazgo. Comunicó a los regímenes hostiles que “les tenderemos la mano si están dispuestos a abrir el puño”.
Pero no comprendió que los regímenes de Irán y Siria no podían abrir sus puños sin arriesgar su propio control del poder, que se basa en una intransigente hostilidad hacia Estados Unidos. La ingenua política de actuación de Obama en Medio Oriente hizo más fácil la vida de estos regímenes tiránicos y dio pie a una invitación abierta para que Irán continúe su programa de armas nucleares.
Un año después de ocupar el cargo, el presidente Obama ofreció una rama de olivo a Siria al aumentar el nivel de las relaciones diplomáticas. Eso a pesar del respaldo de Siria a grupos terroristas (incluidos algunos responsables de las muertes de militares de Estados Unidos en Irak y el Líbano) y de la participación de Siria en el asesinato del anterior primer ministro libanés Rafik Hariri. Además, el presidente Obama le dio la vuelta a la política de su predecesor, nombrando un embajador fuera del período de sesiones del Congreso.
Luego, justo cuando las protestas en Siria se estaban caldeando, en marzo de 2011, la secretaria de Estado Hillary Clinton denominó al presidente sirio Bashar al-Assad como “reformista”. Dieciocho meses después, el régimen aún se mantiene en el poder y es responsable de la muerte de decenas de miles de personas.
Tales intentos de aplacar a los tiranos han hecho muy poco por promover los intereses de Estados Unidos. Desde que el presidente Obama ocupó el cargo, Irán se ha acercado a la obtención de un arma nuclear, los gobiernos elegidos al calor de la “Primavera Árabe” muestran un violento desprecio por Estados Unidos y los valores americanos y el irreal plazo de un año para un acuerdo de paz palestino-israelí alentó unas esperanzas en los palestinos que no se pudieron cumplir y los llevó a presionar en busca del reconocimiento como estado en Naciones Unidas.
El único éxito que puede reclamar la administración es la muerte de Osama bin Laden. Aunque, como se comprobó de manera trágica con la muerte de cuatro americanos en Bengasi, la amenaza del terrorismo y del extremismo islámista permanece. Por todo esto, Estados Unidos necesita liderazgo firme, no unas ideas ilusorias y displicentes que recuerdan la época de Jimmy Carter.
La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org.






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