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  • El Nobel a la Unión Europea no es sólo cosa de risa

     

    La noticia de que la Unión Europea (que se halla inmersa en medio de la crisis más prolongada de su historia) ha sido galardonada con el Premio Nobel de la Paz se merece una carcajada, o muchas.

    El gasto europeo en defensa está en sus niveles más bajos desde 1945 y continúa cayendo; no es la UE la que está manteniendo la paz en Europa sino la falta de un deseo de luchar contra otro.

    En una muestra de ironía especialmente maravillosa, Noruega (hogar del Comité del Premio Nobel de la Paz y reconocida universalmente como uno de los lugares más pacíficos del mundo) ni siquiera pertenece a la UE. Y al menos en teoría, el premio es por las actividades realizadas durante el año anterior;  no se trata de un galardón reconociendo los logros de toda una vida.

    Lejos de alentar la paz durante el año pasado, la UE ha hecho todo lo posible (con su obsesión por defender el euro) para causar recesiones más profundas en toda Europa y así motivar el auge de partidos políticos radicales en naciones como Grecia.

    La idea de que la UE es una fuerza de paz está profundamente arraigada en la mentalidad convencional europea. Y también está equivocada. La razón por la que Europa está en paz a día de hoy es porque la Segunda Guerra Mundial acabó con los antiguos enfrentamientos entre los grandes poderes de Europa y los sustituyó por dos superpotencias: Estados Unidos y la URSS. Desde ese momento en adelante, sólo habría una gran guerra en Europa si las superpotencias quisieran una.

    Para asegurar esta paz, Estados Unidos y Gran Bretaña ocuparon Alemania Occidental y dejaron perfectamente claro que Alemania había perdido la guerra, que había cometido atrocidades incalificables al hacerlo y que ahora iba a ser reconstruida de modo que nunca podría hacer esas cosas de nuevo. Todo Occidente tenía también un profundo temor a la Unión Soviética (haciendo aún más vital el respaldo americano) y la unidad resultante se plasmó en la OTAN, que resistió frente el comunismo hasta que este se hundió y luego trajo una paz todavía frágil a los Balcanes.

    Si la UE, en su apariencia original de Comunidad Europea del Carbón y el Acero, hubiera ganado este premio en 1955, seguiría siendo un error, pero no habría sido ridículo. En ese momento, la cooperación europea significó la reconciliación franco-germana, un logro que parecía de mayor peso histórico en aquel momento de lo que parece ahora con una visión retrospectiva.

    Sin embargo, en 2012 hay candidatos más plausibles para un Premio de la Paz, tales como Mijeíl Saakashvili, de Georgia, quien, como apunta el experto de la Fundación Heritage Luke Coffey, se hizo cargo de un antiguo estado soviético, lo puso “en el camino hacia la democracia, la liberalización económica y la integración euroatlántica” y entonces como cortesía se le concedió una derrota electoral.

    La lección del premio a la UE (junto a los tres premios que la ONU ha ganado en varias facetas durante la década pasada y la elección de dárselo al presidente Obama en 2009 por prometer ser más multilateral) es que el Comité del Nobel, como muchas élites, piensa que la mejor forma de fomentar la paz es disminuir la soberanía nacional y el control democrático de la política, confiando en instituciones supranacionales de gobierno regional (o global).

    El problema con estas instituciones es que frecuentemente son impopulares, ineficaces, o ambas cosas a la vez. Ante eso, la respuesta de las élites es hacer lo que pueden para mejorar la imagen de las instituciones supranacionales, haciendo cosas como, por ejemplo, concederles montones de prestigiosos premios.

    Así que sin duda, ríase del Comité del Nobel por darle el premio a la UE y ríase de la UE por creer que se merece el galardón. Pero lo que está en juego es el futuro de la soberanía nacional y del gobierno democrático y eso no es cosa de risa.

     

    La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org.

     

    Posted in Actualidad, Asuntos internacionales, Destacables, Estudios, Europa, Opinión, Pensamiento Político, Temas regionales, Unión Europea