Si en 2008 todo era sobre esperanza y cambio, 2012 puede muy bien ser sobre escaleras. Sí, escaleras. El presidente Barack Obama ha demostrado una inclinación por la metáfora de la “escalera de la oportunidad” y está trabajando con ella.
Hace unas pocas semanas, en una universidad comunitaria de Ohio, Obama prometió una economía “en la que haya escaleras de la oportunidad”. En un acto de campaña en Chicago el pasado enero, apeló a aquellos que han tenido éxito a “hacer un poco más para que la siguiente generación sea capaz de subirse a la escalera del éxito”.
En diciembre, en la localidad de Osawatomie, Obama nos regaló esta memorable frase: “Y sin embargo, de unas décadas para acá, los peldaños de la escalera de la oportunidad se han separado más y más”. En septiembre pasado, Obama urgió al Congreso para que aprobara la ley de Empleos Americanos para asegurar que “los americanos con bajos ingresos que desesperadamente quieren trabajar tengan más escaleras para salir de la pobreza”.
A pesar de tanta charla sobre escaleras, el presidente Obama no parece comprender cómo funcionan estos artilugios tan simples. Las escaleras (ya sean reales o como símbolo de oportunidad) no impulsan automáticamente a todo el que se sube a ellas. Sólo aquellos que se esfuerzan por escalar alcanzan la parte superior.
Cuando el presidente Obama habla de las escaleras de la oportunidad y del éxito, realmente parece tener en mente unas escaleras mecánicas: la gente simplemente se sube y todos llegan al mismo lugar sin esfuerzo.
Un término que se ajustaría mejor sería el de “las escaleras mecánicas del éxito” o, dada su fijación con la igualdad, ¿quizás “las escaleras mecánicas de la equidad”? Por supuesto, eso no suena para nada igual que “la escalera de la oportunidad”. Así que el presidente se ha aferrado a una imagen con la que los votantes se identifican instantáneamente.
Sin embargo y visiblemente ausente en toda esta charla sobre escaleras, está la más mínima sugerencia de que quizás podamos crear nuestras propias oportunidades. Ni hay reconocimiento alguno de las virtudes necesarias para escalar por uno mismo el camino hasta la cima: trabajo duro, perseverancia, fortaleza, prudencia y auténtico deseo de llegar a lo más alto. Al fin y al cabo, algunos pueden caer y necesitarán volver a subirse de nuevo.
La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org.





