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Doce principios para guiar la política energética americana

Los americanos están cada vez más preocupados por la energía. La demanda de energía está aumentando más rápido que el abastecimiento seguro. La mayor parte del abastecimiento de petróleo mundial se entrega en un mercado restrictivo dominado por naciones inestables u hostiles, algunas de las cuales están usando la energía como una herramienta para vulnerar la seguridad nacional de EE.UU. y frustrar los objetivos de las políticas externas.

Mientras tanto, incomprensión y mitos sobre la energía y las fuerzas del mercado circulan entre muchos estadounidenses.  Desean bajar los precios de la energía y tener un abastecimiento abundante pero se resisten a las medidas que las empresas energéticas deben tomar para lograr estas metas. Esta confusión lleva a sus representantes en el Congreso a promulgar políticas conflictivas que dañan la capacidad de Estados Unidos de satisfacer sus necesidades energéticas. Es necesario que esto cambie.

Las políticas energéticas nacionales sensatas deben posibilitar que Estados Unidos obtenga el abastecimiento energético de una amplia gama de fuentes del mejor modo posible para la economía y, al mismo tiempo, resolver las consideraciones de seguridad nacional. Un suministro energético diverso y abundante es central para la libertad y la prosperidad de Estados Unidos.

Los principios guía para una estrategia energética que promueva la libertad y la prosperidad deben enfatizar tres temas:

Dar rienda suelta a la libertad de empresa

La política energética de EE.UU. debería reconocer que la creatividad de la libertad de empresa se adapta mejor a la construcción de la infraestructura que se necesita para la exploración y distribución, mediante la producción segura de abastecimiento nacional y el desarrollo de nuevas fuentes viables de energía.

Para dar rienda suelta a los proyectos americanos, el Congreso y el gobierno deberán dejar que el libre mercado haga su trabajo. La planificación central frustra el funcionamiento de los mercados y socava la seguridad mediante la limitación de las oportunidades para adaptarse e innovar. Washington debe eliminar la burocracia que obstruye la producción de energía y la innovación, a la vez que garantiza la seguridad y protege adecuadamente el medio ambiente.

Específicamente, el Congreso y el Ejecutivo deben realizar lo siguiente:

1. Evitar costosos mandatos normativos ambientales que tendrán pocos beneficios para el medio ambiente. Las numerosas regulaciones costosas se han propuesto o implementado para tratar diferentes metas ambientales, desde calidad del agua hasta calentamiento global. No obstante, la experiencia (como la montaña de regulaciones al combustible que elevó los precios en los surtidores y los requisitos que han detenido la construcción de nuevas plantas energéticas a carbón durante los últimos 15 años) demuestra que los mandatos pueden ser costosos y económicamente perjudiciales, a la vez que progresa solo marginalmente hacia las metas ambientales. Se debería evaluar el costo total de las regulaciones y mandatos vigentes y propuestos, incluso el impacto en la economía y la seguridad, y compararse con los probables beneficios para el ambiente.

2. Confiar en la capacidad de investigación y desarrollo del sector privado. El sector privado competitivo tiene mayor capacidad para mejorar la eficiencia de los combustibles y desarrollar su próxima generación. Existen muchos interrogantes respecto de lo que podría ser el “nuevo petróleo”, pero nadie sabe con seguridad, mucho menos el gobierno federal. No obstante, sabemos que encontrar y comercializar estos nuevos combustibles es fundamental para nuestro futuro económico. La mejor manera de asegurar abundantes fuentes de energía en el futuro es alentar a los emprendedores a descubrirlas, pero sin que las agencias y los comités del congreso intenten escoger ganadores con investigación, regulaciones, mandatos y subsidios dirigidos. Los emprendedores necesitan un sistema normativo, comercial e impositivo que cree el mejor clima para la innovación del sector privado.

3. Instar a las agencias gubernamentales a aprender del sector privado. El gobierno americano es uno de los mayores consumidores de energía del mundo. Particularmente, el Departamento de Defensa es uno de los mayores clientes del mundo de productos derivados del petróleo, pero no se esfuerza demasiado en pensar en los costos energéticos a largo plazo. Depende mucho de los equipos heredados que son muy ineficientes en términos energéticos, supone que siempre tendrá abundante abastecimiento de productos de petróleo para sustentar las operaciones a precios razonables y no considera de manera adecuada los costos energéticos del ciclo de vida asociados con el desarrollo, el abastecimiento y el mantenimiento de nuevas capacidades militares. El ejército y el resto del gobierno deberían adoptar las mejores prácticas del sector privado que les permitan tomar decisiones inteligentes de compra.

Proteger los intereses energéticos de EE.UU.

En el peligroso mundo actual, los autores de políticas deben tomar medidas para asegurar los recursos energéticos de Estados Unidos y proteger la infraestructura energética de la nación. No obstante, también necesitan que sea bajo el costo económico de la seguridad, al posibilitar la producción de energía y el mercado de distribución para operar del modo más eficiente posible. Los mercados funcionan en forma más eficiente cuando son transparentes y predecibles y cuando las empresas pueden responder a los incentivos del mercado.

Por tanto, mientras se busca la meta de la seguridad, el gobierno debería realizar lo siguiente:

4. Permitir el acceso a todas las fuentes de energía dentro de las fronteras de EE.UU. El gobierno federal ha implementado demasiadas restricciones en la producción nacional de petróleo y gas natural. La imposibilidad de disponer totalmente de estos recursos energéticos nacionales exacerba los problemas de seguridad y costos provocados por los acontecimientos geopolíticos y hace que EE.UU. sean más vulnerables a los cortes en el abastecimiento y el aumento de los precios. Se debería poder acceder a todo el territorio y las aguas de Estados Unidos para explorarlos adecuadamente y explotar su producción, que se podría realizar con tecnologías que son mucho más seguras y eficientes que las que estaban disponibles en el pasado.

5. Eliminar las limitaciones artificiales en la infraestructura de energía nacional, incluso las regulaciones ambientales severas e innecesarias. La burocracia ha limitado la expansión de las refinerías, la construcción de nuevos ductos y líneas de transmisión de electricidad, además de nuevas plantas energéticas. Varias fuentes nacionales clave de energía, particularmente la energía nuclear y del carbón, pueden explotar su potencial y ayudar a lograr la seguridad energética solo si se revisan o eliminan las regulaciones costosas y los requisitos de procedimientos. Por tanto, se deberían considerar nuevas iniciativas legislativas, como la agilización de requisitos en virtud de la Ley de Aire Puro y la revisión de los requisitos para reprocesar el combustible nuclear y el almacenamiento de desechos nucleares.

6. Asegurar que toda iniciativa para reducir la dependencia del petróleo extranjero se base en políticas que favorezcan la economía. La reducción de las importaciones de petróleo de regimenes inestables u hostiles debería realizarse de modo que minimice el costo económico para los estadounidenses. Las políticas como la suba de los impuestos al combustible, a la vez que se obliga o subsidia a los combustibles y vehículos alternativos costosos o no comprobados, causarán grandes costos con resultados marginales o, incluso, negativos. Las primeras medidas para reducir la dependencia del petróleo extranjero es hacer un uso total de las reservas nacionales de petróleo y eliminar los frenos a los incentivos en las inversiones a la producción de petróleo de las naciones aliadas. Se deberían unir a los esfuerzos para alentar la diversificación del petróleo, que se logrará de mejor modo no por decreto ejecutivo, sino por el desarrollo dirigido por el sector privado de alternativas que puedan competir por sí mismas. A nivel nacional, el rol federal debería estar limitado a dirigir una investigación básica y eliminar las barreras normativas e impositivas que impidan la innovación del sector privado. Además, se deberían eliminar las restricciones al crecimiento internacional de las energías alternativas, como los aranceles que limitan las importaciones de etanol en Estados Unidos.

7. Gestionar los riesgos en la infraestructura energética fundamental, como una responsabilidad compartida entre el gobierno y el sector privado. Evaluar los riesgos en la infraestructura esencial es una tarea que deberían compartir el gobierno, que representa los intereses nacionales en su máxima expresión, y el sector privado, que comprende mejor cómo abastecer bienes y servicios de manera eficiente y efectiva. El gobierno puede comprender mejor las amenazas y tomar medidas para reducirlas, mientras que las empresas pueden evaluar mejor sus propias vulnerabilidades y tratarlas de manera efectiva. El gobierno debería establecer estándares razonables de diligencia debida para los asuntos de seguridad y medio ambiente. Esto requerirá un alto grado de transparencia y divulgación efectiva de la información entre el gobierno y la industria, un mecanismo para evaluar el cumplimiento y rendimiento, y una forma no burocrática de exigir el cumplimiento de las regulaciones. Los requisitos óptimos estarían basados en el rendimiento (es decir, establecer estándares claros y permitir que el sector privado determine cómo lograrlos de la mejor manera).

8. Establecer comunicaciones de riesgo efectivas para los asuntos energéticos. Es esencial educar a los americanos sobre los hechos. En especial, los americanos deberían saber más sobre políticas energéticas y los cambios posibles en el patrón de suministro y precios de la energía antes de que se produzcan las crisis o los cortes energéticos. En caso de que se produzca una crisis, se debería brindar información que sea creíble, comprensible y enjuiciable a los americanos para que puedan tomar las mejores decisiones y estén informados.

9. Desarrollar políticas externas que frustren la capacidad de los regímenes coercitivos para emplear sus suministros energéticos como un arma económica. Estados Unidos deberá preocuparse no solo por la dependencia de su propia energía, sino también por la de sus amigos y aliados. Los regímenes que retienen o restringen los suministros energéticos como un instrumento de política nacional amenazan no solo la estabilidad y prosperidad regionales, sino también la economía y los intereses nacionales de Estados Unidos. La nación debería desarrollar medidas bilaterales fuertes para lidiar con la intención de los regímenes coercitivos de librar guerras económicas. Se pueden incluir la planificación conjunta de contingencia, iniciativas público-privadas y las iniciativas de investigación y desarrollo.

Promoción de los libres mercados energéticos mundiales

Estados Unidos no puede asegurar la libertad solamente dentro de sus propias fronteras. Debe estar dispuesto a involucrarse internacionalmente para crear las condiciones para que prospere la libertad de empresa.

Esto significa que los gobiernos deben actuar para realizar lo siguiente:

10. Sustentar el acceso al mercado global. Continuar siendo una parte integrante de la economía mundial es vital para la seguridad nacional a largo plazo de Estados Unidos y la competitividad económica continua del país. Más que intentar defender, proteger o asegurar cualquier medio de producción nacional o mundial, el mayor grado de seguridad proviene de tener acceso al mercado global y obtener bienes, recursos y servicios basados en las decisiones de mercado de proveedores amigos. Un interés vital de Estados Unidos es sostener el principio de libertad de los mares y promover y proteger las formas y medios del libre comercio entre las naciones que actúan de acuerdo con el estado de derecho. A estos efectos, Estados Unidos debería retener la capacidad de usar todos los instrumentos de poder nacional, incluso el ejército, la diplomacia, el cumplimiento de la ley, la inteligencia, la economía y el poder de la información, en cualquier situación en la que estuvieran en riesgo los intereses americanos.

11. Desalentar los regímenes internacionales restrictivos. Los países que pertenecen o no a la OPEP que tienen leyes de restricción a las inversiones extranjeras, los monopolios estatales y la intervención gubernamental excesiva socavan la iniciativa de EE.UU. de promover el libre mercado. La política económica y exterior de EE.UU. debería intentar desalentar estas prácticas

12. Reconocer que no todos los socios comerciales son iguales. Las personas libres tienen el derecho de decidir con quién realizar negocios, pero el comercio de bienes y servicios esenciales pero vulnerables se desarrolla mejor con otros pueblos libres. Los amigos más cercanos y aliados de EE.UU. deberían considerarse los socios comerciales más confiables para el abastecimiento de petróleo y otros suministros energéticos. Por supuesto, las alianzas militares y económicas geoestratégicas cambiarán y EE.UU. deben estar preparados para adaptarse, pero los americanos deben intentar realizar negocios relacionados con la energía con países que respeten el Estado de Derecho, combatan la corrupción y el terrorismo, y fomenten la oportunidad económica, la democracia y la justicia.

Conclusión

Los americanos comprenden claramente que la libertad, las oportunidades y su mismísima calidad de vida sufren cuando el abastecimiento energético abundante y asequible se ve amenazado. Esperan que Washington promulgue políticas que protejan sus intereses. El Congreso y el Gobierno estarían haciendo lo mejor posible si siguieran estos 12 principios para dar rienda suelta al poder de la libertad de empresa, proteger los intereses energéticos de EE. UU. y promover la paz en los mercados energéticos internos e internacionales.

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