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El intento de la izquierda por reescribir la historia de Estados Unidos

 

George Orwell supo decir:

El modo más efectivo de destruir a un pueblo es negar y demoler la comprensión de su propia historia.

En la ex Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), la censura, la reconfiguración de la historia y la eliminación de personas indeseables fueron aspectos clave del esfuerzo tendiente a garantizar que el sesgo político e ideológico adecuado fuera insertado en la historia.

La desviación ante la propaganda oficial era reprimida con la prisión o el confinamiento a campos de trabajo forzado y exterminio.

Hoy día, existen esfuerzos tendientes a reescribir la historia en Estados Unidos, amén de que las reprimendas no sean tan draconianas como en la ex URSS.

El alcalde de la ciudad de Nueva Orleans, Mitch Landrieu, ordenó la remoción del monumento al General Robert Lee el pasado mes. El ex alcalde de Memphis, A.C. Wharton, exigió que la estatua del Teniente General confederado Bedford Forrest, así como también las tumbas de Forrest y su esposa, fuesen removidas del parque de la ciudad.

En Richmond, Virginia, han habido pedidos para la remoción de las estatuas en Avenida Monument del presidente de la Confederación Jefferson Davis y de los Generales Robert E. Lee, Stonewall Jackson, y J.E.B. Stuart.

No son solo las estatuas Confederadas las destinatarias de los ataques. Solo por tener el nombre de algún Confederado, como ser la Escuela Secundaria J.E.B. Stuart en Falls Church, Virginia, ello parece motorizar pedidos por un cambio de nombre.

Los reconfiguradores de la historia han logrado un éxito casi completo a la hora de remover la bandera Confederada de sitios cercanos al capitolio nacional y de otros sitios públicos.

La esclavitud es un hecho innegable de nuestra historia. La costosa guerra que fuera peleada para ponerle fin, también es parte de la historia de Estados Unidos. Nada desaparecerá, aunque se promocione una limpieza cultural.

La remoción de estatuas de Confederados y el poner nuevos nombres a edificios públicos son solo una pequeña parte de la verdadera agenda de la izquierda en Estados Unidos.

Thomas Jefferson tuvo esclavos bajo su control, pero cuenta con un monumento en su nombre -el Jefferson Memorial en Washington, D.C. George Washington también tenía esclavos, y también hay un monumento a su nombre – el Monumento a Washington, en Washington, D.C.

¿Acaso las personas que exigieron la remoción de estatuas en Nueva Orleans y Richmond buscará también remover los monumentos de Washington, D.C. que hacen honor a tenedores de esclavos como Jefferson y Washington?

¿Acaso las personas que exigen un cambio en el nombre de la Escuela Secundaria J.E.B. Stuart exigirán también que el nombre de la capital del país se modifique?

Estos referentes de la izquierda podrían, asimismo, exigir que el nombre del sitio donde trabajo -la Universidad George Mason- se cambie. Aún cuando Mason haya sido el autor de la Declaración de Derechos de Virginia, que se convirtiera en parte de la Declaración de Derechos de la Constitución -y tuvo esclavos bajo su tutela.

No muy lejos de mi universidad, queda la Universidad James Madison. ¿Pedirán también que aquella cambie de nombre? Sin importarles que Madison sea conocido como el Padre de la Constitución – y también era dueño de esclavos.

La reconfiguración de la historia estadounidense será desafiante. Solo imagine Ud. la faena que implicaría purificar la moneda de los Estados Unidos.

La efigie del dueño de esclavos George Washington está presente en el billete de un dólar. Jefferson, otro dueño de mano de obra esclava, está en el billete de dos dólares. El poseedor de esclavos General Ulysses S. Grant está en nuestro billete de cincuenta dólares. El rostro de Benjamín Franklin está en el billete de cien dólares.

Los desafíos de reescribir la historia estadounidense sería interminables, yendo más allá de otros desafíos relativamente triviales, como ser hallar nuevos rostros para nuestra moneda. Al menos, la mitad de los 56 firmantes de la Declaración de la Independencia tenían esclavos a su cargo.

Considérese también que prácticamente la mitad de los 55 delegados de la Convención Constitucional de 1787 en Filadelfia tenían esclavos bajo su tutela. ¿Acaso estos hechos invalidan la Constitución de Estados Unidos? ¿Buscarán los reconfiguradores de la historia americana convenir una nueva convención, a los efectos de purgar y purificar nuestra carta magna?

El trabajo de los tiranos nunca llega a su fin. Cuando ellos logran un objetivo, modifican su agenda, para perseguir uno nuevo.

Si los americanos ceden un centímetro ante ellos, éstos avanzarán un metro. Lo cual me lleva a reafirmar: jamás hemos de otorgarles siquiera un centímetro, ya desde el inicio.

Los promotores del odio en Estados Unidos recurren a toda herramienta posible a criterio de consolidar su agenda de descrédito frente a nuestra historia. La porción de la historia americana que versa sobre la esclavitud es, sencillamente, una herramienta conveniente para que esos promotores de odio motoricen su causa.

 

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