Estándares comunes: Haciendo de la mediocridad el estándar

Por qué los estándares comunes no arreglarán la educación americana

Si la administración Obama se sale con la suya, podría ponerse en marcha un cambio que afectaría su plan de estudios local de educación K-12.

A través de su programa “Carrera a la Cima” (Race to the Top), la administración Obama está utilizando el dinero de las subvenciones federales para obligar a los estados a adoptar los estándares centrales comunes (Common Core Standards) desarrollados por la Asociación Nacional de Gobernadores (National Governors Association) y el Consejo de Oficiales de las Principales Escuelas Estatales (Council of Chief State School Officers). Además, aunque el presidente Obama probablemente no podrá conseguir que el Congreso apruebe la reautorización de No Child Left Behind (Que Ningún Niño Se Quede Atrás) antes de que acabe esta sesión, el “borrador” de la ley de la administración cerraría las puertas de los $14.5 mil millones en financiación federal a los estados que no adopten esos “estándares comunes”.

Sus defensores afirman que los estándares comunes mejorarían el sistema educativo americano. Están equivocados. Aquí está la explicación del porqué.

Error #1: Los estándares comunes harían que los alumnos americanos fueran más competitivos con relación a sus homólogos internacionales. El vínculo entre estándares y logro académico es poco claro. Aunque es cierto que muchos de los países que superan a Estados Unidos en exámenes internacionales tienen estándares nacionales, también los tienen la mayor parte de países que sacan resultados más bajos que Estados Unidos. Incluso cuando se trata de estándares estatales, la relación entre el rendimiento académico y la calidad de esos estándares no es constante.

Error #2: Los estándares nacionales son necesarios para que los padres puedan entender cómo les va educativamente a sus hijos comparados con otros niños en el territorio nacional. La información que los padres necesitan ya está disponible. Los exámenes estatales les permiten saber a los padres cuánto dominan sus hijos el plan de estudios. La Evaluación Nacional del Progreso Educativo (NAEP, por sus siglas en inglés) y otras pruebas estandarizadas comparan el rendimiento de los alumnos a escala nacional, exponiendo cualquier intento de bajar el nivel de los exámenes estatales. La política a desarrollar debería requerir la clara información de estos datos a los padres, algo que no es la norma en demasiados estados.

Error #3: Los estándares comunes son necesarios debido a la variación de calidad de los estándares estatales. Es cierto que algunos estados tienen mejores estándares que otros. Pero las mismas presiones que hacen bajar los estándares estatales probablemente afectarían también a los estándares comunes – y si bajaran los estándares comunes, eso perjudicaría a los estados con mejores estándares, como por ejemplo, Massachusetts. Esto haría que el objetivo de la uniformidad prevaleciera sobre la búsqueda de la excelencia.

Por otra parte, la presión en favor de los estándares y exámenes nacionales nos distrae del verdadero debate fundamental sobre los problemas reales en la educación americana. Estos problemas se encuentran arraigados en un desequilibrio de fuerzas que favorece a sindicatos educativos y distantes responsables políticos pero que va en detrimento de alumnos y padres. La misión de los sindicatos educativos es proteger la seguridad laboral, los sueldos y beneficios de los millones de afiliados que les pagan las cuotas. La agenda política de los responsables políticos nacionales se impone a los estados y distritos escolares porque la financiación federal puede retenerse.

Los padres, por supuesto, no cuentan con medios como la negociación colectiva o la retención de fondos para lidiar con un un sistema escolar fallido. Sin embargo, los padres son los adultos que más se juegan en el éxito académico de sus hijos. Los estándares y exámenes nacionales no arreglarían este desequilibrio e impedirían que se hicieran verdaderas reformas tan necesarias en la escuela pública para poner más poder en manos de los padres.

Pero, una vez más, eso comienza con una clara información de los datos a los padres. No obstante, toda la información del mundo no servirá de nada a los padres a menos que puedan usarla y elegir la escuela que mejor cubra las necesidades de sus hijos. Dar verdaderas opciones educacionales y de elección obliga a las escuelas a tener que rendirles cuenta a los padres.

Los estándares comunes no mejorarían el logro académico. Simplemente reforzarían el control federal sobre la educación.

© Heritage.org (Versión en inglés) | © Libertad.org (Versión en español)