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Gratitud en Navidad

La gratitud, se ha comentado, es una virtud conservadora por excelencia.

Damos gran valor al legado que nos han pasado a través de las generaciones. Miramos, más allá de nosotros mismos, a la sabiduría de eras pretéritas para conformar nuestra forma de ver las cosas y a los duraderos principios de la fundación de Estados Unidos para cimentar nuestras decisiones hoy.

La gratitud por lo que hemos recibido nos hace responder generosamente, especialmente en esta época. Este año, la temporada de los regalos es particularmente conmovedora:

Navidad es un período de gratitud. Tanto si es para reflexionar sobre el nacimiento del Niño Jesús como sobre las bendiciones del año pasado, con frecuencia la festividad induce un sentimiento de agradecimiento, así como la tradición del regalo.

El período del dar y recibir regalos llega en claro contraste con una serie de meses permeados del sentido de tener derecho a las cosas.

Es la política del resentimiento. La alimenta una mentalidad de tener derecho a recibir que amenaza no sólo el espíritu de la Navidad sino la misma fibra moral de una sociedad justa y próspera.

Esto es así porque la mentalidad del derecho a beneficios construye una lista, siempre en aumento, de reclamaciones que el gobierno debe cumplimentar, desde empleos a la atención médica pasando por exigir no tener que pagar los préstamos estudiantiles. Esta actitud de “el gobierno me lo debe” es una renuncia a los principios de responsabilidad tanto personal como mutua a lo largo y ancho de la sociedad civil, o sea, afecta a las relaciones forjadas en la familia, la congregación religiosa y la comunidad.

Pero cuanto más buscan los americanos que el gobierno provea nuestro bienestar, tanto más se debilitan estos lazos de la sociedad civil. Son malas noticias para la buena gobernanza y son malas noticias para nuestro bienestar. Como muestran los datos de Heritage, la familia y la práctica religiosa aseguran nuestro bien individual y colectivo como ningún programa gubernamental puede hacer.

La Navidad es una época que nos pide volver a estas cosas permanentes. Su música y sus tradiciones nos llaman a restaurar nuestro compromiso con la familia y la fe.

Quizá no hay mejor exemplo que la experiencia musical compartida del Mesías de Händel que continúa atrayendo nuestra atención más de 270 años después de ser escrito. ¿Por qué continuamos haciendo un alto para poder escucharlo después de casi tres siglos?

Considerados conjuntamente, la música y el tema del Mesías de Händel alcanza el sublime estado de gran arte, que se dirige a lo “que es permanente del alma humana”, como escribió el decimonónico poeta y crítico de cultura Matthew Arnold. …

Los maestros y los autores crean una “unidad y profundidad de imprimación moral”, escribió Arnold, “que constituye la grandeza de sus obras y que los hace inmortales”.

Esa clase de imprimación moral se fundamente en la convicción de que la naturaleza humana es permanente, que la verdad existe y que la vida tiene un significado y propósito. Tal coraje de convicciones se ha debilitado durante algún tiempo.

En vez de eso, el relativismo se ha introducido subrepticiamente en la educación y otros foros de la cultura, minando la confianza en los estándares que transcienden nuestro propio marco de referencia. Entre otros resultados negativos, priva a los jóvenes de la gratitud que adecuadamente respeta la sabiduría del pasado, la gratitud misma que les inocularía la vacuna para no desarrollar la mentalidad del derecho a recibirlo todo servido.

Al centrarnos en renovar Estados Unidos, las lecciones de la Navidad se vuelven aún más importantes. Al celebrar las festividades, demos gracias por nuestros derechos conferidos por Dios — y protejámoslos diligentemente. Pero prestemos también atención a la dinámica que se establece al dar y recibir regalos.

Ésta es la temporada del año para reflexionar especialmente en los regalos de la gracia — bendiciones a las que no tenemos necesariamente derecho. Que la gratitud nos haga regalar a otros abierta y generosamente en el Nuevo Año.

 

© Heritage.org