La verdad sobre Colón

¿Será esta la última vez que podamos celebrar el Día de Colón en Estados Unidos?

Una ola de ciudades han decidido quitar este feriado del calendario y reemplazarlo con el “Día de los Pueblos Indígenas”.

Cristóbal Colón, el explorador italiano acreditado con el descubrimiento de América, y su legado están bajo ataque figurativamente y, cada vez más, literalmente.

Varios monumentos de Colón han sido atacados y vandalizados por todo el país. La imponente estatua de Colón en Columbus Circle en Nueva York ahora necesita guardias 24 horas al día después de que el alcalde de la ciudad, el demócrata Bill de Blasco, la incluyera en la lista de una comisión que revise monumentos “ofensivos”.

Y según Far Left Watch, un observatorio de intereses ciudadanos, hay planes de Antifa y otros grupos de izquierda para destruir y atacar las estatuas de Colón en todo el país hoy en el Día de Colón.

Es muy desafortunado que la que alguna vez fue una figura unificadora, representativa del coraje americano, el optimismo, e incluso de los inmigrantes,  de pronto esté en el punto de mira para ser destruida. Le debemos a Colón —y a nosotros mismos— respeto por ser el hombre que hizo posible la existencia de nuestro país.

Antes reverenciado, ahora denigrado

Unos cuantos historiadores y activistas comenzaron a atacar el legado de Colón a finales del siglo XX. Ellos inventaron una nueva narrativa sobre Colón como saqueador rapaz y maníaco genocida.

El historiador de extrema izquierda Howard Zinn, muy en especial, tuvo un enorme impacto a la hora de convencer a toda una generación de americanos sobre el legado de Colón. Zinn no sólo denigró a Colón, sino que arremetió contra la migración del Viejo Mundo al Nuevo Mundo que el descubridor inició.

No era sólo que Colón fuera un monstruo, según Zinn, sino que Colón fue el ethos impulsor de la civilización que finalmente se desarrolló a raíz de su descubrimiento: Estados Unidos.

“Detrás de la invasión inglesa de Norteamérica”, escribió Zinn, “detrás de su masacre de indios, su engaño, su brutalidad, estaba ese impulso especial y poderoso nacido en civilizaciones que se basan en el beneficio privado”.

La verdad es que Colón partió hacia el Nuevo Mundo pensando que iba a extender el cristianismo a regiones donde no existía. Mientras que Colón, y ciertamente sus benefactores españoles, tenían interés en los bienes y el oro que podía llevarse de lo que ellos pensaban era Asia, la motivación primaria del explorador era religiosa.

“Esta convicción de que Dios lo destinó como instrumento para difundir la fe era mucho más potente que el deseo de ganar gloria, riqueza y honores mundanos”, escribe el historiador Samuel Eliot Morison hace medio siglo.

De hecho, como señaló la historiadora contemporánea Carol Delaney, incluso el dinero buscado por Colón estaba dedicado principalmente a fines religiosos. Delaney explicaba en una entrevista con la fraternidad católica The Knights of Columbus (Los Caballeros de Colón):

Todo el mundo sabe que Colón estaba tratando de encontrar oro, pero lo que no saben es para qué era: Financiar una cruzada para recuperar Jerusalén de manos de los musulmanes antes del fin del mundo. Mucha gente pensaba entonces que el Apocalipsis estaba por llegar a causa de todas las señales: La peste, hambrunas, terremotos, y así sucesivamente. Y se creía que antes del final, Jerusalén tenía que estar de nuevo en manos cristianas para que Cristo pudiera regresar para el Juicio Final.

Los críticos de Columbus no se limitan a acusarlo de codicia. Una de las mayores acusaciones contra él es que emprendió una guerra genocida y cometió actos de crueldad contra los indígenas en las Américas.

Pero historiadores como Delaney han desacreditado estas afirmaciones.

En lugar de cruel, Colón fue mayormente benigno en su interacción con las poblaciones nativas. Aunque hubo penurias, Colón fue rápido a la hora de castigar a aquellos bajo su mando cometiendo injusticias contra las poblaciones locales.

“Colón le advirtió a la tripulación que no cometieran cosas como saqueos o violaciones, y que más bien trataran a los nativos con respeto”, explica Delaney. “Hay muchos ejemplos en sus escritos donde dio instrucciones a este efecto. La mayor parte del tiempo cuando hubo injusticias, Colón ni siquiera estaba allí. Hubo terribles enfermedades que los nativos contrajeron, pero no se le puede culpar por eso.

Y ciertamente Colón no fue un hombre con defectos o actitudes que serían inaceptables hoy en día.

Pero incluso como hombre de una época pasada en la que la violencia y la crueldad eran a menudo la norma entre diferentes culturas y personas, Colón no se dedicó a los actos salvajes que se le han imputado ahora.

Cómo Estados Unidos veía antes a Colón

Durante gran parte de los siglos XIX y XX, a la mayoría de los americanos se les enseñó sobre Colón y el descubrimiento del Nuevo Mundo en la escuela.

“En 1492, Colón navegó el océano azul”… era un poema popular sobre el explorador italiano que viajaba bajo la bandera española. En ese entonces, los americanos se maravillaban de lo que parecía un viaje increíblemente audaz a través de aguas desconocidas con las herramientas y mapas limitados del siglo XV.

Es difícil en el siglo XXI imaginar lo que Colón tuvo que enfrentar cuando cruzó el Atlántico en busca de lo que él pensaba que era una ruta hacia Asia. Las penurias y el peligro eran inmensos. Si las cosas salían mal, no habría nada que salvara su pequeña flotilla, excepto la esperanza, la oración y un poco de valor.

La mayoría, incluso en la década de 1490, sabía que la Tierra era redonda. Sin embargo, Colón hizo un descubrimiento que cambió la historia.

El mundo era un lugar mucho más grande de lo que la mayoría había imaginado, y aunque Colón nunca se dio cuenta personalmente del alcance de su descubrimiento, abrió un nuevo mundo que un día se convertiría en vanguardia de la civilización humana.

Éste es el hombre y la historia que previas generaciones de americanos llegaron a respetar y admirar.

Desafortunadamente, la caricatura de Colón y la civilización americana pintada por Zinn y otros ha permanecido y, en una era en la que radicales y activistas buscan estatuas problemáticas en el país, Colón es un objetivo primordial.

El Ku Klux Klan impulsó la retórica anti Colón

Gran parte de la retórica moderna sobre Colón y los ataques contra su persona la lanzaron en el siglo XIX grupos anticatólicos y antiitalianos como el Ku Klux Klan.

De hecho, el Día de Colón se convirtió en una celebración nacional después de un linchamiento en masa de italianos en Nueva Orleáns, el mayor incidente de linchamiento en la historia de Estados Unidos.

En 1892 -el 400º aniversario del viaje de Colón- el presidente Benjamin Harrison pidió que se celebrara a nivel nacional a Colón y sus logros. Los americanos patrióticamente celebraron a Colón y erigieron numerosas estatuas en su honor al tiempo que el país entero lo adoptaba.

Aunque el aprecio en Estados Unidos por Colón se iba profundizando, algunos grupos no estaban satisfechos.

Como la web pro-Colón The Truth About Columbus señala, el Ku Klux Klan trabajó para parar las celebraciones del Día de Colón, destruir estatuas y revertir su creciente influencia en la cultura de Estados Unidos.

Según la web, en los años 20, el Klan “intentó que retiraran el Día de Colón como fiesta estatal en Oregón”, quemó una cruz “para interrumpir una celebración del Día de Colón en Pensilvania” y con éxito “se opuso a que se erigiera una estatua de Colón en Richmond, Virginia, pero finalmente fracasó en su intento y se revirtió la decisión”.

Colón en la actualidad

Los intentos de suprimir a Colón fracasaron entonces, pero han resurgido en nuestra propia era con las iniciativas de grupos de extrema izquierda que quieren ver su legado enterrado y empobrecido para siempre.

Sería una trágica pérdida para nuestra generación y para el futuro.

La valentía y la audacia que Colón mostró en su viaje a América han sido inherentes al ADN cultural de Estados Unidos desde el principio.

Tal vez nunca tengamos la clase, el gusto o la sofisticación de la clase alta del Viejo Mundo. Pero lo que sí tenemos es reverencia por las simples virtudes de la fortaleza, la audacia y la voluntad de ir un paso más allá para asegurarnos un futuro mejor que el de nuestros antecesores.

Somos una civilización que admira a quienes van hasta los límites de la frontera, que no acepta con simple abandono el statu quo y desea algo más. El espíritu que nos llevó al Oeste, a la modernidad, a la luna, es lo que celebramos en hombres como Colón.

El presidente Ronald Reagan lo expresó mejor en un tributo por el Día de Colón:

A Colón se le admira en toda justicia como un brillante navegante, un intrépido hombre de acción, un visionario que abrió los ojos de un mundo antiguo a uno completamente nuevo. Por encima de todo, personifica una visión del mundo que muchos ven como americana por antonomasia: No sólo optimista, sino desdeñosa ante la noción misma de la desesperación.

Cuando perdamos estas cosas, cuando ya no tengamos la capacidad de celebrar a hombres como Colón, tan imperfectos como a veces eran, habremos perdido lo que nos ha hecho grandes y distintos.

 

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