Nuestro problema de la deuda es el gasto

Mire esta cifra: $269,000 millones. Es una cifra muy grande y sin embargo no es la cantidad que el gobierno federal se gasta en cualquiera de sus principales rubros como defensa, Medicaid, Medicare o el Seguro Social.

Esta cifra más bien corresponde a lo que la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO) actualmente proyecta que el gobierno federal gastará en pagos de intereses de la deuda en el año fiscal 2017. Esto hace que el gasto en pago de intereses sea el quinto rubro en el presupuesto federal de la nación, sólo por detrás del Seguro Social, defensa, Medicare y Medicaid.

No hay de qué preocuparse, ¿verdad?

Bueno, eso será si uno está de acuerdo en que se gaste un porcentaje creciente del presupuesto federal en algo que no ofrece ningún servicio al pueblo americano, excepto el pago de facturas pasadas.

Pagar el interés neto de la deuda nacional no es como pagar los intereses del préstamo de su auto o el de su hipoteca. Con la deuda nacional, no nos queda ni auto brilloso ni casa espaciosa después de acabar de pagar las cuotas.

Y eso aunque incluso en términos de cuotas, hayamos tenido bastante suerte porque los pagos de intereses han sido muy bajos, a pesar del enorme tamaño de la deuda nacional.

Los tipos de interés —que ayudan a determinar el tamaño de la cuota a pagar en intereses— se han mantenido bajos en los últimos años, debido al lento crecimiento económico, a que Estados Unidos ha mantenido su posición como un lugar altamente deseable para la inversión y a la política monetaria experimental de la Reserva Federal.

Sin embargo, ahora con la economía en crecimiento y la decisión de la Reserva Federal de subir los tipos de interés, la CBO ahora predice que las tasas de interés “aumentarán gradualmente en los próximos años”. Sin embargo, como cualquier otra proyección, los cálculos de la CBO no implican total certidumbre.

Con el tiempo, los acreedores americanos pueden exigir tasas de interés más altas si creen que el riesgo de impago a largo plazo ha aumentado significativamente.

Después de todo, Estados Unidos se enfrenta a insostenibles proyecciones fiscales y a una aparente falta de voluntad política actualmente como para hacerle frente a los principales impulsores del gasto y crecimiento de la deuda.

Otros factores también podrían contribuir al aumento de las tasas de interés. Como señala Brian Riedl, del Instituto Manhattan, la proyección de la CBO “no incluye el efecto de recesiones, guerras, ataques terroristas, recortes de impuestos o expansiones de gastos federales”.

Riedl nos recuerda que las actuales tasas de interés están a niveles inusualmente bajos en comparación con la historia reciente. Las tasas de interés de los años 1980, 1990 y 2000 promediaron el 10.5%, el 6.6% y el 4.5% respectivamente, en comparación con el 2.5%, que es el promedio bruto de este año.

¿Volverán a subir los tipos de interés a esos niveles?

Es algo poco claro. El desempeño pasado no predice resultados futuros. De acuerdo a las proyecciones actuales, que presuponen tipos bajos, se proyecta que las tasas de interés de los bonos del Tesoro a 10 años superen el 3% en 2020.

El efecto en el presupuesto de incluso este aumento moderado en las tasas no será pequeño. La CBO proyecta que los pagos por intereses casi se duplicarán en 2021 y eclipsarán el gasto militar en 2027, llegando a $818,000 millones. Para ese momento, los pagos de intereses habrían aumentado hasta convertirse en el segundo rubro presupuestario proyectado en 2027 (sólo por detrás del Seguro Social).

Para recuperar el control de los pagos de intereses y la deuda nacional, los legisladores deberán reducir el gasto federal que es lo que impulsa los crecientes déficits presupuestarios.

El Seguro Social, Medicare y Medicaid representan más de la mitad del presupuesto federal. Hace falta reformar estos programas.

El Plan para el Equilibrio de la Fundación Heritage traza un camino hacia el equilibrio e incluye reformas de derechos a beneficios y mejor priorización de los programas federales. Equilibra el presupuesto en el espacio de 7 años, incluso después de que se hayan reducido los impuestos con la total derogación de Obamacare.

Al Congreso simplemente le toca ponerse manos a la obra.

 

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