Ese extraño amor de la derecha por la Unión Europea

Continuando con el debate sobre la Unión Europea, en pocas semanas ha de cumplirse los 60 años de la firma del Tratado de Roma, que selló el nacimiento de la UE. La semana pasada analizamos algunas de las contradicciones de la izquierda y su apoyo a este proyecto. Hoy miramos el otro lado de la moneda: La derecha y el porqué de su apoyo al proyecto de la Unión Europea.

Es importante entender este apoyo porque muchos piensan que no existen derechistas que respalden este proyecto. La realidad es que existe una derecha muy activa, compuesta principalmente de libertarios, que apoya el proyecto basándose mayormente en argumentos de libre mercado. Sin embargo cuando examinamos más de cerca sus argumentos y las realidades del proyecto europeo notamos contradicciones no sólo en lo que favorece el libre mercado sino también en el concepto de soberanía nacional.

Unos de los argumentos constantemente usados en defensa de la Unión Europea es que ha expandido la libertad económica por todo el continente. Allí hay que darles la razón, aunque parcialmente. Las economías de los miembros de la Unión es considerablemente abierta. El mercado único de la Unión Europea se basa en cuatros “libertades” que son esenciales no sólo para el mercado sino para el funcionamiento del proyecto. La primera libertad es el libre movimiento de productos, principio establecido en el Tratado de Roma, que se ha ido expandiendo gradualmente eliminando barreras comerciales. Segunda es la libertad de movimiento de servicios que es decir proveer servicios o establecer un comercio en otro país miembro. La tercera libertad es el libre movimiento de capital, que permite el flujo de capital a través de toda la Unión Europea. La cuarta es el libre movimiento de personas, factor importante del mercado, que significa que cualquier ciudadano de la Unión Europea puede moverse y establecerse libremente en el territorio de los países miembros.

Bajo estos principios casi toda persona de derecha favorecería este proyecto debido a que lo regula el principio del libre mercado. Sin embargo, en su afán por crear el mercado único, la Unión Europea comenzó a centralizar el poder político, lo que ha creado contradicciones en aquellos que apoyan el proyecto bajo la noción del libre mercado. Muchos defensores del proyecto europeo se han dado cuenta de que, en nombre del libre mercado, acciones e instituciones creadas para el proyecto en realidad llevan a cabo políticas anti-libre mercado.

A la hora de la verdad, esto refleja una clara contradicción sobre la idea de libre mercado. Allí tenemos como ejemplo la política agraria y de pesca. Éstas son el vivo ejemplo del proteccionismo y blindan a Europa de la competencia global. A ello al que sumarle el papel de instituciones como la Comisión Europea, que constantemente propone cientos de regulaciones encareciendo así el costo de tener empresa y hacer negocios, o el papel de los gobiernos nacionales a los que se les permite implementar políticas proteccionistas sobre sus industrias.

Eso no es un verdadero libre mercado, sino de un mercado manipulado que termina siendo proteccionista. Además, con tantos países miembros de la Unión –son 28–, negociar un tratado comercial con la Unión Europea requiere tiempo y hay que maniobrar delicadamente en la jungla de intereses proteccionista dentro de cada país. Por eso, las contradicciones de los que apoyan la Unión Europea en defensa de libre mercado es sorprendente.

Otro aspecto importante en la visión política de la derecha europea es el concepto de  soberanía. En su libro England and the Need for Nations, Roger Scruton probablemente el filósofo conservador contemporáneo más importante de nuestra época, ha enfatizado la importancia de la soberanía y el Estado nacional para todo aquel que dice ser de derecha. Scruton argumento la importancia que tiene el Estado nacional en la perseverancia del orden, libertad y derechos naturales. El Estado nacional permite la existencia de una lealtad nacional en donde cultura, costumbre y tradiciones prevalecen y son importantes para el mantenimiento el orden del cual se nutre la sociedad.

En su intento de convertirse en un Estado, la Unión Europea ha buscado inventar una cultura, costumbre y tradición homogénea para todo el proyecto. A ello se debe su sed de centralización, de quitar el poder de decisión a los Estados nacionales – todo vale en pro del proyecto de unificación. Esto choca frontalmente con la noción del Estado nacional y la importancia que la derecha pone a la defensa de la soberanía nacional. El proyecto europeo pone el destino nacional en manos de unos cuantos burócratas con mucho poder pero que no tienen que responderle a nadie por sus decisiones arbitrarias ya quev al ser elegidos a dedo, también se saltan el proceso democrático. El rechazo a ese modelo es hoy palpable con el surgimiento de movimientos de derecha que rechazan el modelo europeo.

 

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