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Venezuela: Guaidó prende la mecha de la sublevación

Poco antes de las seis de la mañana (hora venezolana) de este martes, el líder de la Venezuela democrática, Juan Guaidó, redoblaba su apuesta por la libertad de su país con una audaz declaración desde el este de Caracas. «Hoy las Fuerzas Armadas, claramente, están del lado del pueblo».

Dos elementos presentes en el vídeo de Guaidó avalaban la seriedad de sus palabras. Hablaba escoltado por militares de uniforme. Con la cara descubierta y junto a una tanqueta, se declaraban en rebeldía contra el régimen que hasta entonces defendían. Y en segundo plano, con el gesto de concentración intensa que le caracteriza, aparecía el preso político más influyente de Venezuela.

«He sido liberado por militares a la orden de la Constitución», diría poco después Leopoldo López, que cumplía una pena de casi 13 años de cárcel en arresto domiciliario y no había pisado la calle desde su detención por la Guardia Nacional Bolivariana, el 18 de febrero de 2014.

López es el cerebro de la operación ejecutada por Guaidó que ha devuelto la esperanza a los venezolanos. Volvía a ser un hombre libre mientras amanecía en Caracas, a los pies de la majestuosa montaña del Ávila y rodeado de efectivos disidentes del mismo cuerpo del Ejército que hace más de cinco años se lo llevó preso.

«El momento es ahora», había avisado Guaidó. El presidente pidió a todos los venezolanos que acudieran a apoyar la rebelión democrática ante la base aérea de La Carlota. La idea, iríamos viendo durante el día, era tomar el control de la base con los militares sublevados y establecer allí el centro del alzamiento, de manera que fuera expandiéndose por el país hasta liberarlo del chavismo.

Al no lograr el control de La Carlota, los militares y civiles que comandaban Guaidó y López se replegaron a la Plaza Altamira. Situada en la parte oriental próspera y burguesa de la ciudad, Altamira ha sido desde el comienzo de la revolución un bastión de la resistencia al totalitarismo comunista. De Altamira han partido las marchas opositoras más multitudinarias. Allí se produjo el pronunciamiento de 14 altos mandos militares contra Chávez en octubre de 2002, y en esa misma plaza dio declaraciones Óscar Pérez tras pedir libertad desde su helicóptero durante las protestas de 2017.

Entre gritos contra la tiranía y emotivas escenas de fraternidad, Guaidó pidió a quienes habían salido a la calle que no desfallecieran.

Entre gritos contra la tiranía y emotivas escenas de fraternidad, Guaidó volvió a pedir a quienes habían salido a la calle que no desfallecieran. Enfrentándose a sus antiguos compañeros de armas que ahora amparan a los manifestantes, las fuerzas del régimen trataban de dispersar a los congregados a base de disparos y bombas lacrimógenas. También repelían y cerraban el paso a quienes querían sumarse desde otros puntos, para evitar que llegara más gente y hubiera más deserciones.

Al filo del mediodía la multitud tomó un nuevo rumbo. Liderada por el presidente encargado y protegida por los fusiles de los guardias nacionales disidentes, la gente enfiló la Avenida Francisco de Miranda en dirección al Palacio de Miraflores. A las puertas de la sede presidencial se concentraban desde la mañana cientos de partidarios de la dictadura. Convocados por Diosdado Cabello, los chavistas habían llegado para defender físicamente a Maduro.

Como la mayor parte de sus edecanes, el aún inquilino de Miraflores no ha aparecido en público. Su único mensaje de normalidad ha sido un tuit en el que asegura contar con la «total lealtad» de todos los mandos militares y llama a la «máxima movilización popular» para defender la revolución.

Cuando se acababan de escribir estas líneas, las manifestaciones contra el régimen se extendían por pueblos y ciudades de toda Venezuela. Decenas de personas eran tratadas en los hospitales por heridas de diversa consideración. Los medios hablaban de unos pocos detenidos y de que, milagrosamente, no se conocían muertos.

En la Francisco de Miranda los paramilitares urbanos del chavismo y la GNB que aún no ha renegado de Maduro parecía imponerse a la marcha, evitando que avanzara hacia Miraflores. Leopoldo López y su familia se refugiaban en la embajada de Chile y el cisma entre los militares continúa, sin que la balanza se decante de momento hacia ningún lado.

Guaidó no ha logrado aún el suficiente apoyo castrense para acabar con el régimen, pero se las ha arreglado para encender la mecha de la sublevación en los cuarteles sin ser detenido y sigue ganándole terreno a la dictadura. Por primera vez, la revolución es incapaz de sofocar un desafío militar dentro de sus fronteras, y además ha perdido el control sobre el prisionero al que más temía.

 

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