Desde 1947, la Fuerza Aérea ha servido a Estados Unidos como el poder aéreo dominador de los cielos del mundo. Con millones de horas de servicio y de kilómetros recorridos por sus aviadores y con éxitos increíbles como el programa SR-71 y la zona de exclusión aérea sobre Libia en 2011, el servicio tiene mucho de lo que estar orgulloso.
Sin embargo, otros cuantos hitos recientes hacen de esta celebración algo agridulce. Casi tan antigua como el servicio es la flota de bombarderos estratégicos B-52, que recientemente celebró su 60 aniversario. Aunque la flota de bombarderos ha disuadido con éxito las acciones nucleares y ha volado igualmente en misiones convencionales durante más de medio siglo, estas aeronaves representan una tendencia más amplia que la Fuerza Aérea y las fuerzas armadas de Estados Unidos en general han aceptado: usar un equipamiento cada vez más viejo para llevar a cabo sus misiones. El Congreso necesita tomar las medidas que aseguren que esta flota se modernice y que la Fuerza Aérea haga una renovación reglamentaria de su material.
Otro hito reciente ocurrió en 2008, cuando un piloto voló con el mismo F-15 que había pilotado su padre 30 años antes. Como sucede con los B-52, los F-15 Eagle han realizado numerosas misiones con éxito y han sido claves para la seguridad nacional durante estos años. Estas aeronaves han sido llevadas más allá de los límites para los que estaban pensadas, quizás incluso más que los bombarderos. Los F-15 fueron creados originalmente para durar 4,000 horas de vuelo, pero debido al incremento de su demanda de uso y a la falta de reemplazo, su vida de servicio se duplicó.
El reemplazo de los F-15 (en realidad, el reemplazo de los F-16, de los A-10, de los F-18 así como de los AV-8B Harrier) es el F-35 Joint Strike Fighter. Aunque la Fuerza Aérea de Estados Unidos se juega su futuro con este avión, el presupuesto del presidente Obama reducirá significativamente el número de aviones adquiridos por el gobierno. Esta decisión, como ocurre con muchas de las reducciones presupuestarias de Obama que afectan a la seguridad nacional, se tomó simplemente para reducir el gasto por razones fiscales, sin una verdadera consideración de las amenazas actuales o futuras. En definitiva, el Congreso debería financiar ampliamente la futura flota de cazas.
Desde 1947, Estados Unidos se ha mantenido como el poder aéreo dominante de los cielos del mundo. Pero la nación se encuentra ahora en un momento crucial. Si el Congreso no revoca las reducciones presupuestarias de la administración, se pondrá en riesgo el poder aéreo de Estados Unidos. Y la seguridad nacional descansa en la continua capacidad de nuestras fuerzas en tierra, mar, aire, el espacio y el ciberespacio. Por tanto, no nos podemos permitir que ninguna de estas fuerzas desaparezca.
La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org.




