Medicare es un programa que está emocionalmente cargado debido a que proporciona una cobertura de seguro médico a las personas mayores. Pero Medicaid cubre a las personas pobres y discapacitadas de Estados Unidos y nadie quiere que haya perjuicio alguno para ellos.
Sin embargo, al igual que Medicare, Medicaid también necesita desesperadamente una reforma si ha de continuar sirviendo a las personas para las que fue diseñado. Cerca de un tercio de los doctores de Estados Unidos ya están optando por no tratar a los pacientes de Medicaid, puesto que sus costos sobrepasan lo que el programa paga por la atención ofrecida.
Los estados (que ya tienen crisis presupuestarias propias) comparten el costo de Medicaid con el gobierno federal. Estos simplemente no pueden afrontar el añadir más personas a Medicaid, que es uno de los modos principales de Obamacare de asegurar a más gente (la decisión de la Corte Suprema sobre Obamacare dio a los estados algo de respiro cuando sentenció que la ampliación de Medicaid ocasionada por Obamacare debe ser opcional para estos).
El programa cubre ya a 62.5 millones de personas (en torno al 20% de la población de Estados Unidos) y el gasto federal en Medicaid no tiene límites. Y eso es cierto, no hay límites en el gasto federal para Medicaid. Pero sí hay límites en las carteras de los contribuyentes.
El objetivo no debería ser simplemente añadir gente a Medicaid. En cambio, al igual que con otras reformas de la asistencia social, el objetivo debería ser ayudar a las personas mientras son dependientes y ayudarlas a recuperarse.
Para aquellos que están en Medicaid debido a unos bajos ingresos, el programa debería ser reformado para empoderarlos. Los dólares de Medicaid deberían estar acordes con cada persona, de modo que los beneficiarios puedan elegir la cobertura que quieran y participar en el mercado libre como el resto de sus conciudadanos. Se merecen tener más control sobre su atención médica y unas opciones más personalizadas. La Fundación Heritage ha trazado una reforma de ese tipo en su plan Para Salvar el Sueño Americano.
El plan Para Salvar el Sueño Americano comienza trasladando a las personas no discapacitadas desde un Medicaid operado por el gobierno hasta un programa de subsidio de primas, en el que tendrían las mismas opciones de atención médica privada que el resto de la población. “Subsidio de primas” significa simplemente que el pago de la atención médica se mueve con la persona hasta el plan de su elección. Para una persona con bajos ingresos que está tratando de salir adelante, la suma del subsidio de primas se podría utilizar para pagar la parte del empleado correspondiente al plan de atención médica de un empleador o para adquirir una cobertura individual.
Para las personas mayores con bajos ingresos, que se ven atrapadas en la compleja combinación burocrática de Medicare y Medicaid, el plan Para Salvar el Sueño Americano proporcionaría un modelo de atención coordinado como Medicare Advantage, a la vez que se permite que Medicare proporcione una asistencia adicional cuando sea necesario. De nuevo, el resultado sería un mayor control para cada persona sobre los dólares y las decisiones relativos a su atención médica.
Finalmente, el plan transformaría el tradicional Medicaid en una verdadera garantía (prevista para ayudar a aquellos con discapacidades) a la vez que proporciona una mayor flexibilidad a los estados para abordar las complejas necesidades de estos sectores de la población.
La analista de la Fundación Heritage Nina Owcharenko esboza las tres medidas cruciales para la reforma de Medicaid:
1. Derogar Obamacare. Como se ha observado, unos de los objetivos de la ley de atención médica era ampliar Medicaid de manera significativa sin ofrecer ninguna reforma sólida para abordar sus sostenibilidad. Sin la derogación, los problemas a los que se enfrentan Medicaid y el resto del sistema de atención médica son extraordinarios.
2. Asignar un presupuesto para Medicaid. Aunque los estados deben balancear sus presupuestos, el gasto federal en Medicaid no tiene límites. Cuanto más gasta un estado, más deben pagar los contribuyentes a nivel federal. Por tanto, es decisivo que el gasto federal en Medicaid se ponga en la senda de la fiabilidad y la sostenibilidad. Unas subvenciones en bloque a los estados, que les darían más flexibilidad para ayudar a sus poblaciones, se podrían utilizar para cuidar de los discapacitados y las personas mayores.
3. Establecer unos objetivos normativos centrales. Los objetivos de la normativa de reforma de Medicaid deben ser claros. Esta debería establecer soluciones de mercado centradas en el paciente que reduzcan la dependencia de la atención médica gubernamental y mejoren la atención para las personas más vulnerables.
Medicaid necesita unas reformas que les den a las personas pobres y con discapacidades de Estados Unidos la cobertura médica que necesitan, sin llevar a los contribuyentes a la bancarrota. Este tipo de reformas es posible y cuanto antes las empecemos, mejor.
La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org.






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