El discurso del presidente Obama ante la ONU ofreció poca confianza para aquellos que viven en la línea directa de fuego de un Irán que puede que muy pronto tenga armamento nuclear.
Al pueblo de Israel (y para los millones de personas que viven en los estados del Golfo Pérsico que se encuentran al alcance de Irán) la alocución de Obama ante la ONU ciertamente le debe de haber recordado a Carter en el tono y en el espíritu. Se trató de una tímida declaración sobre Irán por parte del presidente de Estados Unidos, que proyectó la peligrosa mentalidad del poder en la sombra, en un momento en el que el mundo libre necesita el firme liderazgo de Estados Unidos.
La crisis nuclear iraní ocupó sólo dos párrafos hacia el final del discurso de Obama, clara muestra de que no es un asunto prioritario para el presidente. Básicamente, Obama transmitió el mismo mensaje que lleva transmitiendo durante cuatro años: que “Estados Unidos quiere resolver este tema mediante la diplomacia y creemos que todavía hay tiempo y espacio para hacerlo. Pero ese tiempo no es ilimitado”.
Es también el mismo mensaje que la Unión Europea ha estado transmitiendo sistemáticamente durante más de una década de infructuosas negociaciones con Irán. Las iniciativas para apaciguar a los mulás han sido un absoluto fracaso que solamente ha servido para envalentonar a uno de los regímenes más brutales y bárbaros de la época moderna.
De manera significativa, el presidente Obama no esbozó unas medidas más fuertes para frenar el programa nuclear de Irán. Es este un discurso que fácilmente lo podría haber dado el líder político de Francia, Alemania o de cualquier otro país europeo antes que el líder de la nación más poderosa de la tierra. No hubo menciones a nuevas sanciones de la ONU, a cualquier fortalecimiento del poder militar de Estados Unidos en la región ni al respaldo a los disidentes iraníes en su lucha por la libertad. No se dio ninguna impresión de que el uso de la fuerza pueda ser una opción plausible.
Además, Obama no mencionó el nombre del presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, así como tampoco hizo ninguna mención directa a las recientes declaraciones del líder iraní pidiendo la “eliminación” de Israel. El propio Israel, el principal aliado de Estados Unidos en el Medio Oriente, apenas fue una nota a pie de página en el discurso del presidente.
Y una vez más, Obama estableció una equidistancia moral entre los israelíes y los palestinos, un tema que ha expuesto frecuentemente desde que llegó al cargo. No condenó el terrorismo palestino, declarando simplemente que “entre israelíes y palestinos, el fututo no debe pertenecer a quienes dan la espalda a la perspectiva de la paz”.
El discurso de ayer del presidente siguió al sorprendente rechazo de la Casa Blanca a reunirse esta semana con el primer ministro israelí, otro insensato desaire a tan cercano socio y aliado de Estados Unidos. Ya que Irán avanza hasta convertirse en una potencia nuclear en el Medio Oriente, Estados Unidos debería permanecer del lado del pueblo de Israel, que está luchando, literalmente, por su supervivencia frente a una tiranía islamista que habla abiertamente de aniquilar al que es casi su vecino.
Las ambiciones nucleares y genocidas del régimen iraní son una amenaza para el mundo libre. Y sin embargo, el pusilánime enfoque del presidente Obama sólo sirve para motivar a los enemigos de Estados Unidos a la vez que socava la confianza en el liderazgo de Estados Unidos dentro de la escena mundial.
La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org.





