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El caso por los valores judeocristianos – Parte VII: Odiar el mal

¿Odia Ud. el mal?

Muchos de los humanos no lo hacen. Pero si Ud. cree en los valores judeocristianos, entonces debe hacerlo.

Uno de los valores centrales de la Biblia es su odio al mal. En verdad, es la única cosa que la Biblia nos manda a odiar, tanto así que el amor a Dios es equiparado con el odio al mal. “Aquellos que aman a Dios, deben odiar el mal” nos dicen los Salmos.

La noción de odiar el mal ha sido y sigue siendo revolucionaria.

La gran mayoría de los antiguos no prestó atención al mal. Las sociedades eran crueles y sus dioses eran crueles.

Ni sus más altas religiones pusieron el odio al mal en el centro de sus puntos de vista sobre el mundo. En la filosofía oriental y en la religión, su más alta meta era la consecución del Nirvana a través de eliminar el ego, pero nunca combatiendo u odiando el mal. El mal y el sufrimiento injusto eran vistos como parte de la vida y era mejor escapar de la vida, no transformarla moralmente.

En mucho del mundo árabe y musulmán “cara”, “vergüenza” y “honor” definen las normas morales, no los estándares del bien y del mal. Ésta es la razón detrás de las “matanzas por el honor” como el asesinato de una hija o hermana que ha traído “vergüenza” a la familia (por presuntos pecados sexuales) y la visión ampliamente aceptada que estos asesinatos son heroicos, no malignos. Por eso Sadam Husein ha sido un héroe para muchos en el mundo árabe sin importar cuánta gente inocente haya matado, torturado y violado.  Aunque haya cometido maldades, lo que más importaba era su fuerza y por tanto su honor.

Y para Occidente, con notables excepciones, los cristianos no tienden a ver el mal como el pecado más grande. La falta de fe y el pecado sexual han sido mayores blancos para la mayoría de cristianos. Con el pasar del tiempo, sin embargo, muchos cristianos vinieron a liderar la batalla contra el mal, desde la esclavitud al comunismo. Y hoy, no es una coincidencia el que Estados Unidos, el país que más piensa en términos del bien y del mal, sea el país que más apoya los valores judeocristianos.

En el mundo occidental contemporáneo, la mayoría que se identifica con la izquierda —o sea la mayoría— odia la guerra, las empresas, la contaminación, a los cristianos fundamentalistas, la desigualdad económica, el tabaco y a los conservadores. Pero ellos, raramente, odian los grandes males de esta era, si por el mal hablamos de infligir deliberada crueldad: asesinatos en masa, violaciones, torturas, genocidio y totalitarismo.

Por eso el comunismo, forma de vida basada en la crueldad, atrajo a grandes masas de gente de izquierda y es por eso que, desde los años 60, no hubo oposición entre la mayoría de otros izquierdistas. Hasta la mayor parte de esa gente que se autodenomina progresista, no izquierdista, odiaba el anticomunismo mucho más de lo que odiaba el comunismo en sí. Cuando el presidente Ronald Reagan llamó a la Unión Soviética “el imperio del mal”, los progres se indignaron al igual que cuando el presidente George W. Bush llamó “el eje del mal” a los regímenes de Corea del Norte, Irán y al Irak de Sadam Husein.

Pregúnteles a los izquierdistas contra qué debe luchar la humanidad y ellos seguramente le contestarán que el calentamiento global o algún otro desastre ecológico (quizá también el uso americano de sus fuerzas militares…)

En realidad, la izquierda en todo el mundo generalmente desprecia a los que hablan del bien y del mal y los llaman “maniqueos”, simplones morales que ven el mundo en blanco y negro, nunca en tonalidades de gris.

Ya decía la principal revista semanal de Alemania, Der Spiegel: “El presidente Bush sigue sin retractarse de la idea del mundo entre el bien versus el mal que los europeos odian”.

Patrice de Beer, un editor del importante periódico francés, Le Monde, escribió que en la Unión Europea: “La noción de un mundo dividido entre el bien y el mal es vista con pavor”.

Totalmente típico de la opinión de izquierda acerca del bien y el mal es esta serie de preguntas hechas en la web izquierdista Counterpunch de Gary Leupp, catedrático de Historia y Religión Comparativa de la Universidad Tufts: “Preguntas a debatir: ¿Atila fue bueno o malo cuando invadió las Galias? ¿Sadam, bueno o malo cuando invadió Kuwait? ¿Hitler, bueno o malo cuando invadió Polonia? ¿Bush, bueno o malo cuando invadió Irak? ¿Son “bueno” y “malo” categorías realmente adecuadas para evaluar acontecimientos contemparáneos e históricos?”.

Los europeos occidentales y sus homólogos americanos detestan el lenguaje del bien y del mal y se lo atribuyen, correctamente, a la religión, o sea a los valores judeocristianos. Entre esos valores está el luchar contra el mal y “extirpar el mal de entre ustedes”. Pero para hacer eso, primero hay que detestarlo. Porque si Ud. no odia el mal, no peleará contrá él y el bien saldrá perdiendo.

 

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