A recordar en Semana Santa

Al adentrarnos a un fin de semana sagrado para muchos americanos, a Libertad.org le gustaría compartir estas inspiradoras palabras con Ud.

Que tenga una magnífica celebración.

Extractos del discurso radiofónico del presidente Reagan a la nación con motivo de la celebración de la Semana Santa y la Pascua judía, 2 de abril de 1983.

 
Compatriotas americanos:

Esta semana, cuando las familias americanas se reúnan para orar, nos uniremos a millones y millones de personas de todo el mundo que también celebran estas tradiciones de su fe. Durante al menos estos días y con independencia de la nacionalidad, religión o raza, nos unimos por la fe en Dios y las barreras entre nosotros parecen menos significativas.

Al observar los ritos de la Pascua y Semana Santa, nos sentimos vinculados a un tiempo tanto con los antiguos orígenes de nuestros valores como con las generaciones venideras que aún los celebrarán mucho después de que nos hayamos ido. Como explicó Pablo en su Epístola a los Efesios, “Vino a anunciar las paz: paz a quienes estaban lejos y paz a los que estaban cerca. Así pues, ya no son extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y familiares de Dios”.

Este es un tiempo de paz y esperanza, en el que nuestros espíritus se completan y elevan. Es un tiempo en el que damos las gracias por nuestras bendiciones, siendo las principales entre ellas la libertad, la paz y la promesa de la vida eterna.

Esta semana, las familias y amigos judíos han estado celebrando la Pascua, una tradición rica de simbolismo y significado. Su celebración nos recuerda a todos que la lucha por la libertad y la batalla contra la opresión emprendidas por los judíos desde la antigüedad son compartidas por las gentes de todos los lugares. Y por su parte, los cristianos han estado conmemorando los últimos y trascendentales días que llevaron a la crucifixión de Jesús hace 1,950 años. Mañana, cuando la luz de la mañana se extienda por el planeta, celebraremos el triunfo de la vida sobre la muerte: la Resurrección de Jesús. Ambas celebraciones nos hablan de sacrificio y dolor, pero también de esperanza y triunfo.

Cuando en la actualidad miramos a nuestro alrededor, todavía encontramos dolor y sufrimiento humano, pero también vemos que encuentran respuesta en el coraje y el espíritu individuales, reforzados por la fe.

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Recientemente, un profesor de Alemania Oriental, su esposa y sus dos hijas se subieron a un bote de remos de dos metros de eslora y cruzaron un Báltico helado y azotado por los vientos para escapar de la tiranía. Al llegar a Alemania Occidental tras un angustioso viaje de 7 horas y 50 kilómetros para dejar atrás las patrullas fronterizas de Alemania Oriental, el hombre dijo que él y su familia lo habían arriesgado todo para que las niñas tuvieran la oportunidad de crecer en libertad.

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En esta época de Semana Santa cuando tantos de nuestros hombres y mujeres jóvenes de las Fuerzas Armadas están estacionados tan lejísimos de sus hogares, no me puedo resistir a contar el último ejemplo de su sacrificio y heroísmo. Cada día recibo informes que les harían sentirse muy orgullosos y hoy me gustaría compartir con Uds. sólo uno de ellos.

Mientras el USS Hoel, con base en San Diego, navegaba hacia Melbourne, Australia, el Miércoles de Ceniza, su tripulación supo de los terribles incendios forestales que asolaban dos estados australianos. Habían muerto más de 70 personas y la destrucción era importante. Pues bien, la tripulación de este buque americano recaudó $4,000 de sus bolsillos para ayudar, aunque sentían que no era suficiente. Así, dejando solamente la tripulación imprescindible, los 100 marineros americanos cedieron uno de sus días de permiso en tierra y se pusieron manos a la obra para reconstruir una comunidad arruinada en el otro extremo del mundo. No se trataba más que de americanos siendo americanos, pero es algo de lo que todos debemos estar orgullosos.

Historias como éstas, de hombres y mujeres que aman a Dios, nos envían un mensaje de libertad y hermandad mundiales, como los ritos de la Pascua y Semana Santa que celebramos este fin de semana.

Una clase de primaria de Somerville, Massachusetts, me escribió recientemente para comentarme: “Hemos estudiado acerca de los países y hemos averiguado que todos los países de nuestro mundo son hermosos y que nos necesitamos los unos a los otros. Puede que la gente parezca un poco diferente, pero seguimos siendo personas que necesitan las mismas cosas”. Me dijeron: “Queremos paz. Queremos cuidar los unos de los otros. Queremos ser capaces de llevarnos bien los unos con los otros. Queremos ser capaces de compartir. Queremos libertad y justicia. Queremos ser amigos. No queremos guerras. Queremos ser capaces de hablar los unos con los otros. Queremos poder viajar por el mundo sin temor”.

Y entonces me preguntaron: “¿Piensa Ud. que algún días podremos tener estas cosas?” Pues bien, lo creo. Realmente lo creo. Cerca de 2,000 años después de la llegada del Príncipe de la Paz, puede que unos deseos tan sencillos sigan pareciendo lejos de nuestro alcance. Pero podemos lograrlo. Nunca debemos dejar de intentarlo.

La generación de americanos que está creciendo ahora en la escuelas de nuestro país puede asegurarse de que Estados Unidos siga siendo una fuerza para el bien, el defensor de la paz y la libertad, como sus padres y abuelos han hecho antes que ellos. Y si vivimos nuestras vidas y dedicamos nuestro país a la verdad, al amor y a Dios, seremos parte de algo mucho más poderoso y mucho más duradero que cualquier fuerza negativa presente en la Tierra. Es por eso por lo que este fin de semana es una celebración y por lo que hay esperanza para todos nosotros.

Gracias por escuchar y que Dios los bendiga.

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