La Iglesia Católica en Wikileaks

No existe ONG con mayor influencia en el mundo que la Iglesia Católica. Una iglesia que cuenta con más de mil millones de creyentes en todo el mundo y con un líder como el papa que retiene no sólo gran influencia sino también inmunidad diplomática. En el caso de Estados Unidos, la Iglesia ejerce considerable influencia en parte porque hay más de 70 millones de católicos y un porcentaje considerable entre líderes políticos de la nación. Además cuenta con una conferencia episcopal muy activa en la promoción de las causas de la Iglesia, como la libertad religiosa, la inmigración, el no al aborto y otros temas.

La Iglesia Católica es la institución más conservadora en el mundo y no nos debe de tomar por sorpresa las relevaciones de correos electrónicos publicados por Wikileaks donde los progresistas hablan sobre cómo infiltrar y cambiar a la Iglesia desde dentro. Sandy Newman, obamita de pro, dice en uno de de los correos: “Tiene que producirse una primavera católica, en la que los católicos mismos exijan el fin de una dictadura medieval y el comienzo de un poco de democracia y respeto por la igualdad de género en la Iglesia Católica”. Más preocupante es la respuesta que recibe de John Podesta, director de campaña de Hilary Clinton: “Hemos creado [la organización] Catholics in Alliance for the Common Good para estar organizados en momentos como éste. Pero creo que les falta liderazgo para actuar ahora. Pasa lo mismo con Catholics United. Como la mayoría de las Primaveras, creo que esta tendrá que ser de abajo hacia arriba”.

Estos correos electrónicos lo que revelan es la verdadera repugnancia que  círculos progresistas sienten hacia la Iglesia Católica por ser la mayor proponiendo un conservadurismo social y moral. Estos comentarios revelan que en puros términos marxistas, el progresismo ve a la Iglesia como el mayor obstáculo para lo que catalogan como progreso. Con la formación de estos grupos laicos de influencia lo que buscan es “liberalizar” la Iglesia, bajo la ilusión que esto la beneficiaría.

Pero como he estipulado en el pasado, esta liberalización de la Iglesia está basada en premisas falsas y que en vez de beneficiar a la institución, le harían un daño mortal. No obstante, es preocupante ver cómo estos grupos han comenzado a influír especialmente a la feligresía para ejercer presión sobre el liderato episcopal. Sus comentarios denotan su feroz oposición hacia los obispos y también contra todo aquel feligrés que no se adscriba a la visión doctrinal, política y social que propone el progresismo.

Vuelvo y repito que estas relevaciones no son la gran sorpresa dado que los pasados 8 años bajo la administración del presidente Barack Obama y otras administraciones progresistas en los estados han chocado directamente con la Iglesia Catolica en varios asuntos de política pública. Uno de estos asuntos es Obamacare y la normativa que obliga a instituciones que la Iglesia regenta, como hospitales, escuelas etc., a que pague en los planes de salud de su personal contraceptivos que pueden llevar al aborto en clara contradicción contra la doctrina de la Iglesia. Igualmente se han promulgado leyes estatales para eliminar la discriminación, que se han convertido en espadas de doble filo porque se han utilizado para poner demandas contras instituciones católicas en lo relacionado al matrimonio homosexual o la libertad religiosa.

En una columna reciente, el arzobispo de Filadelfia Carlos Chaput contó una anécdota sobre unos activistas de estos grupos que fueron a hablar con él, durante el ciclo electoral de 2008. De ello concluyó que: “Debido a la labor de activistas y grupos como ésos, los católicos estadounidenses ayudaron a elegir un gobierno que ha sido el más obstinadamente hostil hacia los creyentes religiosos, instituciones y libertad en generaciones”. Traigo esta anécdota a colación porque áquellos como yo, católicos “retrógrados”, debemos levantar la voz en contra de los que buscan implementar una agenda progresista dentro de la Iglesia Católica, que, en vez de ayudarla, buscan su destrucción para poder implementar su soñada utopía progresista.

 

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