Cambio climático: ¿La mayor estafa de la historia de la Ciencia?

 

Divulga Greenpeace una nota de prensa en la que denuncia la detención en el puerto polaco de Gdansk de uno de sus barcos estrella, el Rainbow Warrior y de algunos de sus miembros a los que llama «activistas», cuando intentaban «parar» una descarga de carbón, combustible que según sigue afirmando Greenpeace, es el «mayor responsable del cambio climático».

Como siempre en casos parecidos, Greenpeace califica su acción de «pacífica» y se queja de que la neutralización de la misma fuera llevada a cabo por «hombres armados y enmascarados». Creo que la traducción correcta sería «por las fuerzas de seguridad» del Estado polaco.

La primera contradicción aparece cuando en la misma nota reconoce la llamada «organización ecologista internacional» que «Polonia es el país de Europa más dependiente del carbón para su economía». ¿Les extraña entonces que defiendan su bienestar contra cualquier tipo de ataque, aunque los atacantes se llamen a sí mismos «pacifistas»?

Mientras se emiten comunicados supuestamente ecologistas tan categóricos como el que comentamos, dando por cierto que el hombre es el culpable del famoso “cambio climático”, ya empiezan a escucharse voces científicas disidentes, algunas de las cuales se atreven a afirmar que la teoría del calentamiento global podría ser la mayor estafa de la historia de la Ciencia.

No hablamos de extremistas ni de científicos carentes de prestigio: Hace poco tiempo se elevaba de manera coral la voz de más de 30 climatólogos y ecólogos italianos que por fin se atreven a manifestarse, de forma razonada y mesurada, contra las declaraciones del famoso Panel Internacional para el Cambio Climático (IPPC), auspiciado y financiado por la ONU, y a su vez financiador de los trabajos de aquellos científicos que se mueven en la línea de lo «políticamente correcto».

Uno de los científicos más relevantes de la primera década de nuestro siglo, Nigel Lawson, ministro que fue de Margaret Thatcher, fue uno de los primeros disidentes de la teoría oficial atreviéndose el año 2009 a calificar el «calentamiento global» como «la gran mentira» y más recientemente John Casey, científico jubilado de la NASA con reconocida solvencia y ecuanimidad en sus juicios, desafía la teoría oficial que señala al hombre como responsable del llamado calentamiento global.

Lo propio opinan 31,487 colegas suyos de Estados Unidos que la definen como una teoría científicamente débil que viene fracasando en la mayor de sus predicciones. Por el contrario, la búsqueda en los ciclos de actividad solar de la explicación de los periodos de calor y frío que podemos registrar históricamente, acierta en el 90% de las predicciones.

La sumisión a las instrucciones del IPPC sobre lo que debemos hacer para evitar el desastre anunciado está teniendo muchas más implicaciones de las que se podrían imaginar sin entrar en detalles: debemos hacernos todos veganos (aunque condenemos al hambre a los países económicamente atrasados, debemos entrar en el supermercado con bolsas sucias de varios usos, pagar por bolsas que permitirán a los avispados ejecutivos de los establecimientos convertirnos en inocentes anunciantes llevando impresos sus logotipos en las bolsas compradas, y un larguísimo etcétera de incongruencias.)

Comencemos por aclarar que el cambio climático es cierto, mejor aún, nada hay tan cambiante como el clima. No se trata sólo de cambios en el sistema atmosférico, ya que es necesario estudiar las interacciones entre las masas de agua y las continentales así como las superficies de contacto de ambas con la masa atmosférica de aire, y no sólo eso, porque también el fondo del mar, más o menos caliente en función de los flujos de calor radiactivo del interior del planeta se transmite al agua a través del fondo oceánico, de esta manera se origina el fenómeno conocido como «El Niño».

Resulta innegable que contaminar es malo, muy malo, sobre todo para la salud, y trabajando en este sentido cada día se va consiguiendo mejorar el aire de las grandes ciudades del mundo, corrigiendo las emisiones de las calefacciones y las emisiones tóxicas de los vehículos.

Nadie en su sano juicio puede negar que hay que contaminar cada vez menos, pero mucho cuidado, porque no es más que una imprudencia disparatada tratar de relacionar las emisiones de dióxido de carbono (CO2) de los dos últimos dos siglos con un supuesto cambio global de las condiciones climáticas.

Si tal imprudencia se relaciona con importantísimas inversiones económicas y toda clase de subvenciones para los crédulos y los sumisos, podemos estar ante la mayor estafa de la historia de la Ciencia, como afirman los primeros científicos que se atreven a hacerlo, desafiando las críticas que puedan sufrir por ello.

Los cortos ciclos climáticos de calor y frío que venimos observando en los últimos siglos, es decir desde que hay registro, son evidentes, y los que vamos teniendo años hemos sido testigos de los últimos. Hoy impresiona el recuerdo de algunos de los brillantes programas televisivos del gran naturalista español Félix Rodríguez de la Fuente, en concreto los que realizó en Canadá, donde afirmaba en 1995 lo siguiente: «Estos gigantes de hielo están avanzando porque vamos hacia una nueva glaciación».

Parece esperanzador que la Ciencia abandone la asunción fanática de los principios políticamente correctos y vuelva a su trabajo, que es la gran fórmula para que sigamos progresando y solucionemos lo que podamos acerca de unos grandiosos mecanismos naturales que no hay más remedio que reconocer que nos superan.

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