No, los robots no nos quitarán los empleos

Un artículo reciente en el periódico The Guardian lleva el siguiente premonitorio título: “Los robots destruirán nuestros trabajos — y no estamos listos para eso”.

El artículo afirma que: “Por cada trabajo creado por la automatización robótica, varios más serán eliminados por completo. … Este trastorno tendrá un impacto devastador en nuestra fuerza laboral”.

Y según un artículo en el MIT Technology Review, los investigadores empresariales Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee creen que el rápido cambio tecnológico ha estado destruyendo empleos más rápidamente de lo que los está creando, contribuyendo así al estancamiento de los ingresos medios y al crecimiento de la desigualdad en Estados Unidos.

Si la tecnología está destruyendo puestos de trabajo más rápido de lo que los está creando, sería la primera vez en la historia humana que lo hace. En realidad, la cantidad de empleos no tiene límites por la sencilla razón de que las necesidades humanas no tienen límites — o a menudo no revelan sus límites.

La gente siempre quiere más de algo que acabará creando un empleo para alguien. Sugerir que hay un número finito de trabajos comete un error conocido como la “falacia de la escasez de trabajo” o la falacia de suma cero.

Según esta falacia, cuando la automatización o la tecnología elimina un trabajo, no queda nada que la gente quiera y que por tanto cree un empleo para la persona desplazada por la automatización. En otras palabras, según la falacia, todos los deseos humanos han quedado satisfechos y no hay más.

Veamos algunos ejemplos que desmontan esta falacia.

En 1790, los granjeros representaban el 90% de la fuerza laboral de Estados Unidos. Para 1900, sólo alrededor del 41% de la fuerza laboral trabajaba en la agricultura. Hoy, menos del 3% de los americanos trabaja en la agricultura.

Y eso es bueno. Si el 90% o el 41% de nuestra fuerza laboral todavía estuviera empleada en la agricultura, ¿en qué parte del mundo encontraríamos mano de obra para producir todos esos otros bienes y servicios que no existían en 1790 o 1900, como automóviles, aviones, televisores, computadoras, portaaviones, etc.? De hecho, si la tecnología no hubiera destruido todos esos trabajos agrícolas, seríamos una nación mucho, muchísimo más pobre.

¿Qué pasa entonces con lo que dicen acerca de que nuestros trabajos manufactureros se van a la China? Eso es algo que está presionando a la administración Trump a imponer barreras comerciales. Si bien es cierto que entre 2001 y 2013, 3.2 millones de empleos fueron subcontratados a China, en el mismo lapso de tiempo, China perdió alrededor de 4.5 millones de empleos manufactureros, en comparación con la pérdida de 3.1 millones en Estados Unidos.

La pérdida de empleos es la tendencia entre los 10 principales países manufactureros, que producen el 75% de la producción manufacturera mundial (Estados Unidos, Japón, Alemania, China, Gran Bretaña, Francia, Italia, Corea del Sur, Canadá y México). Sólo Italia ha conseguido no perder empleos en la manufactura desde el año 2000. No obstante, Estados Unidos sigue siendo un gigante de la manufactura mundial.

Debido a la automatización, el trabajador de Estados Unidos es ahora tres veces más productivo que en 1980 y dos veces más productivo que en el año 2000. Lo que hemos avanzado en productividad explica mejor la pérdida de empleos en el sector manufacturero que una descripción en términos de subcontratación e importación.

Si el sector manufacturero de Estados Unidos fuese una economía independiente y tuviera su propio producto interno bruto (PIB), sería el séptimo más grande del mundo. El valor manufacturero total podría llegar a los $5.5 billones. En otras palabras, alrededor del 17% de la actividad manufacturera global ocurre en Estados Unidos y Estados Unidos domina la manufactura avanzada.

Según Alliance for American Manufacturing (Alianza por la Manufactura Americana) el sector manufacturero de Estados Unidos da trabajo a un gran porcentaje de trabajadores capacitados en campos relacionados con ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas. Emplea al 37% de trabajadores en arquitectura e ingeniería y al 16% de los científicos especializados en ciencias biológicas, físicas y sociales.

El economista Joseph Schumpeter describió este proceso de cambio tecnológico y lo denominó “destrucción creativa”. La tecnología y la innovación destruyen algunos empleos al tiempo que crean otros muchos.

Según la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS), la fuerza laboral de Estados Unidos en 1950 era de 62 millones. Para el año 2000, ya era de 79 millones y se proyecta que llegará a 192 millones para el año 2050.

Aunque el proceso de “destrucción creativa” provoca dificultades para ciertas personas ya que pierden sus trabajos y se ven obligadas a aceptar otros trabajos menos remunerados, cualquier intento de impedir este proceso nos hará salir perdiendo a todos.

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