Los primeros 100 días de Trump: Exitosos y no convencionales

Ninguna campaña a la presidencia de Estados Unidos es igual. Pero pocas han sido tan sorprendentes o tan poco convencionales como la nominación del presidente Donald Trump y su posterior victoria.

Por tanto, no debería sorprendernos que los “primeros 100 días” de Trump en el cargo —un punto de referencia arcaico y establecido en una época diferente— también hayan sido no convencionales y, en muchos aspectos, exitosos.

En ningun área ese cambio más evidente que en política exterior.

Hace ocho años, el presidente Barack Obama comenzó su infame gira de pedir  disculpas, confesando los pecados de Estados Unidos y cediendo autoridad moral a cualquier nación u organismo mundial dispuesto a escuchar.

A Europa le pidió perdón por los “momentos en los que Estados Unidos ha sido arrogante, despectivo e incluso burlón”. Obama dijo a los líderes mundiales del G-20 que “con mi elección y las primeras decisiones que hemos tomado, pueden empezar a ver algún restablecimiento de la posición de Estados Unidos en el mundo”.

En gran contraste, el gobierno de Trump actuó de manera decisiva en respuesta al gaseado contra su propio pueblo ejecutado por el dictador sirio Bashar al-Assad. La respuesta fue apropiada, proporcional y cuidadosamente calibrada — un  cambio bien recibido que contrasta con la inepta respuesta de Obama ante acciones similares.

El ataque de misiles contra la base aérea de Assad coincidió con la cena que Trump estaba ofreciendo al presidente chino Xi Jinping, tal vez agregando claridad a los comentarios de Trump a principios de mes: “Si China no va a resolver [el problema de] Corea del Norte, nosotros lo haremos”.

El Dr. James Carafano, de la Fundación Heritage, explica que la administración de Obama era “alérgica al riesgo”. Y añade que “su objetivo principal era ver cómo librarse del compromiso. Había una tendencia a trasladar la toma de decisiones a Washington. Esta Casa Blanca de Trump parece más inclinada a dejar que los comandantes hagan su trabajo y ejerzan su juicio militar”. Los resultados son bienvenidos y evidentes en la escena mundial.

El logro doméstico más obvio de Trump es la exitosa confirmación de Neil Gorsuch para la Corte Suprema.

No sólo el candidato Trump aprovechó la vacante durante la campaña —una oportunidad creada por los republicanos del Senado al mantenerse sorprendentemente firmes— sino que nombró a un juez conservador que unificó a un Partido Republicano fragmentado. El impacto de Gorsuch en la Corte Suprema se sentirá durante una generación.

Más allá de eso, hay algunas victorias que los republicanos pueden reivindicar como resultado de su control unificado de Washington.

El presidente y su administración han tomado medidas decisivas para comenzar a revertir el Estado Administrativo y los peores excesos de la administración Obama.

La economía de los estándares de combustible impuestos en la era Obama los podemos dar por desaparecidos. Se bloquearán las draconianas reglas para las centrales eléctricas a carbón.

Y, por supuesto, está el histórico uso de la Ley de Revisión del Congreso de la era Clinton que ha servido para revocar permanentemente más de una docena de regulaciones de medianoche (medidas entre los 60 días de finalizar la administración Obama y llegar la administración Trump). A diferencia de otras iniciativas reguladoras, futuras administraciones no podrán deshacerlas.

En general, las iniciativas de la administración Trump frenando la regulación ahorrarán a la economía de Estados Unidos $18,000 millones anuales.

Y luego, por supuesto, está el tema de la inmigración.

Durante administraciones anteriores, el compromiso del gobierno federal para hacer cumplir las leyes de inmigración de Estados Unidos disminuía a medida que crecía el deseo de Washington de conceder otra ronda de amnistías.

No cabe duda de que Trump está cumpliendo una de sus principales promesas de campaña al hacer cumplir las leyes de inmigración de nuestra nación. Los resultados son evidentes con los cruces fronterizos ilegales cayendo a un mínimo de hace 17 años.

Previsiblemente, los progresistas usarán el marcador de los 100 días para celebrar lo que no se ha logrado.

Mientras que a Obama, al entonces líder de la mayoría del Senado, Harry Reid, y a la entonces presidenta de la Cámara Nancy Pelosi, les tomó 428 días para hacer de Obamacare la ley de la nación, el hecho de que lo siga siendo es una decepción.

Hay varias razones para ello, siendo lo más notable las profundas divisiones dentro del Partido Republicano. Por ejemplo, algunos republicanos esperaban lograr derogar silenciosamente el impuesto a los dispositivos médicos mientras dejaban las partes vitales de Obamacare sin tocar.

Estas divisiones se vieron exacerbadas por un proceso legislativo insular y dirigido, que se diseñó para “lograr algo” en lugar de alcanzar consensos y cumplirle al pueblo americano.

Por su parte, el gobierno de Trump tardó en reconocer lo malos que eran la política, la normativa y el proceso de la propuesta original de derogación y sustitución de Obamacare. Sin embargo, ya se nota que Trump ha aprendido de ese tropiezo inicial.

La gran inteligencia de Trump a la hora de escoger a Mike Pence como su vicepresidente se hizo evidente después de la debacle para derogar la ley de salud, cuando el liderazgo de Pence sirvió para presionar por la reanudación de las conversaciones sobre la ley de salud y así ayudó a la Casa Blanca a recuperar el impulso de su ambiciosa agenda legislativa.

Es posible –de hecho, es probable– que el Congreso nos libre de Obamacare y que reforme nuestro tan clientelista código tributario en menos de 365 días. Y si Ud. cree en la rumorología, un juez conservador más se sentará en la Corte Suprema para entonces.

Nadie puede negar que ha habido tropiezos y oportunidades perdidas –mucho generado por la inutilidad del Congreso–, pero no hay duda de que este presidente no convencional está disfrutando de éxitos no convencionales en sus primeros 100 días.

Si Trump aprende bien la lección de lo sucedido con la ley de salud y no permite que la clase política de Washington lo empuje a debacles similares, vendrán muchos más éxitos.

 

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