Bolivia: El precio de la justicia

Hace unos días Zvonko Matkovic Ribera redactó una desgarradora carta de dirigida al Ministro de Justicia. En la epístola, Zvonko narra las injusticias que sufren quienes caen en manos de la Justicia y la red de corrupción, prevaricación y abusos que permea todo el sistema judicial y deja un testimonio de las aberraciones y abusos de los que él y su familia han sido víctimas. En realidad no cuenta nada nuevo, nada que no sepamos todos. Uno puede preguntar a cualquier persona en la calle y casi inequívocamente tendrá una experiencia negativa en su trato con la justicia ya sea propia o de algún pariente o amigo, sobre un policía de tránsito, una demanda civil, el ser extorsionados por su propio abogado y ¡Dios no lo permita!, un proceso penal. En una ocasión, conversando entre amigos las experiencias en los juzgados uno de ellos advirtió: “estamos hablando de derecho civil, porque si hablamos del área penal, donde está en juego la libertad de la persona, los fiscales y jueces saben que la gente hace lo posible por no ir a la cárcel, y por lo tanto las coimas y el nivel de extorsión es mucho mayor”.

Afortunadamente las cosas van a mejorar muy pronto porque tendremos nuevos magistrados que han sido sometidos a preguntas de u nivel de dificultad similar al de los siguientes ejemplos: ¿De qué color es la capa de Caperucita Roja? a) Roja b) Negra c) Blanca o Si usted tiene mucha sed, debe a) Beber líquidos b) Trotar 40 kilómetros c) Tragar arena. Si nuestros futuros jueces pueden responder ese tipo de preguntas, podemos tener certeza que las complejidades de un juicio donde está en juego la libertad y la honorabilidad de una persona serán cosas sencillas. Y debemos sentirnos agradecidos que nuestros actuales líderes (que al elaborar semejante nivel de preguntas revelan un nivel intelectual ajeno a cualquier escala) prefieran dedicar sus valiosos días a engrandecer nuestro país, en vez de enriquecerse elaborando sudokus y crucigramas en las más prestigiosas revistas internacionales.

Dejando la sorna atrás, uno no puede dejar de sentir un triste pesimismo sobre la situación de nuestra injusticia y sobre la cantidad de gente que todos los días, sin exceptuar siquiera domingos y feriados, cae en la vorágine del sistema de justicia boliviano, porque no puede pagar el precio de la justicia.

 

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