Defendiendo lo indefendible

Ayer fue el funeral, después de 9 largos días. Mi reacción ante la muerte de Fidel Castro no fue de felicidad o celebratoria, sino de reflexión por mis familiares cubanos que vivieron la experiencia de esta dictadura. No hay duda que, por su influencia, Fidel Castro es una figura importante en la historia, pero lo es por todas las razones negativas posibles. Sin tener que discutir el nefasto legado del tirano en términos de respeto a los derechos naturales, económicos, humanos, etc… una de las cosas que sabía que sucedería y que mencione en mi cuenta de Twitter, @ojelrodriguez, fue que la izquierda se encargaría de presentar una apología revisionista de la trayectoria de este dictador.

Uno de los más sorprendentes sucesos fue ver cómo la mayoría de los medios de comunicación  alababan a Fidel Castro. En algunos, como TELESUR, lo ponderaban como un gran gobernante, otros lo denominaban icono del siglo XX, por ejemplo la BBC. Entre los escasos medios que indicaban el horrendo legado de su revolución estuvo Fox News . Los medios izquierdistas simplemente hacían de la vista gorda con lo que ha sido y es una cruel dictadura, supongo que por motivos ideológicos y por el antiamericanismo tan arraigado en los medios y que compartían con Castro.

No obstante, me parece que la reacción más absurda fue la del socialista Justin Trudeau, primer ministro de Canadá. En un comunicado divulgado por la Oficina del Primer Ministro, Trudeau declaraba: “Es con profundo dolor que hoy supe de la muerte del presidente de Cuba que más tiempo ha estado en el poder” (Qué ironía… presidente con más tiempo en el poder porque ha sido un dictador). “Aunque era una figura controvertida, tanto los detractores como simpatizantes de Castro reconocen su tremenda dedicación y amor por el pueblo cubano que tenía un profundo y duradero afecto por “el Comandante”. Esto fuera de los miles que asesinó y encarceló, más los 2 millones de exiliados de la isla que huyeron para salvar la vida.

Reacciones de líderes como Trudeau y las de los principales medios de comunicación son un intento de ocultar la cruel dictadura castrista. Muchos comentaristas y analistas hablan de su política social, evitando tocar asuntos como los abusos contra los disidentes, los asesinatos, la violación de los derechos humanos, la opresión, el hambre y la prostitución. Se enfocan en criticar a países con mayor respeto por los derechos y la ley. Sus comentarios o análisis buscan un revisionismo positivo para describir la gestión de Castro.

Me parece que estas respuestas limitadas hacia su política social refleja el casi enamoramiento que sienten por Fidel. Porque estas reacciones denotan la hipocresía de la izquierda aún atada a las ideas fracasadas, corruptas y rechazadas que representa Fidel Castro. Ven en Castro el “líder revolucionario” que buscaba poner en práctica las ideas socialistas que muchos de ellos adoran.  Es decir, que a diferencia de otros dictadores, Castro era uno de ellos, siempre listo a declararle la guerra al capitalismo y a Occidente. Y es que a la izquierda le encanta la ingeniería social.

La apología de Fidel Castro debería ser rechazada por todos los que valoramos la libertad. Este revisionismo pro-castrista busca es presentar un lado positivo de Fidel y su revolución que sacó a un dictador para imponer a otro dictador, él mismo. Es un revisionismo que ignora la historia, fortalece la mentira y aporta al engaño de lo que fue la promesa de una revolución cubana que acabó en una miserable dictadura comunista que convirtió a Cuba en una isla cárcel.

 

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