Estados Unidos: Diez conceptos clave

 No es casual que Estados Unidos sea una tierra de oportunidad para todo aquel que la busca. El éxito de Estados Unidos proviene de sus principios fundacionales. He aquí por tanto un breve esquema de los 10 conceptos clave que definen el régimen americano.

I.    Excepcionalismo americano

II.   Derechos naturales

III.  Libertad religiosa

IV.  Derechos de propiedad

V.    Sociedad Civil

VI.   Autogobierno

VII.  Estado de Derecho

VIII. Federalismo

IX.   Separacion de poderes

X.    Papel de USA en el mundo

Estados Unidos es un país excepcional, dedicado a la idea universal de que todos los seres humanos (no sólo todos los americanos) son creados libres e iguales. Todos los hombres y mujeres, por la virtud de ser humanos, poseen en consecuencia los mismos Derechos naturales. Para garantizar estos derechos, que incluyen la Libertad religiosa y los Derechos de propiedad, los americanos establecieron, con la Constitución, un marco de gobierno limitado basado en el Estado de Derecho.

Al limitar los poderes del gobierno y basar el régimen político en el consentimiento de los gobernados, la Constitución reconoce que los ciudadanos son capaces del Autogobierno. Eso a su vez permite que florezcan las instituciones de la Sociedad civil: la familia, las escuelas, las iglesias y las asociaciones privadas. Para garantizar que el gobierno no abusa de sus poderes, la Constitución propugna los principios del Federalismo y la Separación de poderes.

Mirando más allá de sus fronteras, el compromiso de Estados Unidos con la libertad se traduce en que es la única potencia en el mundo que ayuda a extender la causa de la libertad para todos los seres humanos.

I. Excepcionalismo americano

Estados Unidos es una nación excepcional. No porque destaque  cuando se le compara con el resto de países del mundo aunque sobresalga en un amplio espectro de indicadores: Estados Unidos tiene la mayor economía, sus fuerzas armadas son inigualables y los americanos donan más dinero que nadie a las asociaciones benéficas.

El verdadero significado del excepcionalismo americano no se halla en los logros del país, sino en sus principios fundacionales. A diferencia de las demás naciones que derivan su identidad y propósito de alguna cualidad unificadora limitada (un grupo étnico, una religión común, una historia compartida o una patria ancestral) Estados Unidos está construido sobre las ideas universales de libertad e igualdad. Estados Unidos es la única nación del mundo fundada sobre un credo que es aplicable a todos los seres humanos y a todos los tiempos.

Los principios de Estados Unidos han creado una nación próspera y justa como ninguna otra nación en la historia. Estos principios explican por qué los americanos defienden con firmeza su país, miran con cariño los orígenes de su nación, hacen valer de forma atenta sus derechos políticos y responsabilidades cívicas y siguen convencidos del especial significado de su país y de su papel en el mundo. Es debido a sus principios, no a pesar de ellos, que Estados Unidos ha logrado tal grandeza.

Hasta el día de hoy, tantos años después de la Revolución Americana, estos principios—proclamados en la Declaración de Independencia y promulgados en la Constitución de Estados Unidos—aún lo definen como una nación y un pueblo. Que es por lo que los amigos de la libertad de todo el mundo ven a Estados Unidos no sólo como un aliado contra los tiranos y déspotas sino como un poderoso faro de libertad para todos los que luchan por ser libres.

II. Derechos naturales

La idea de que todos los seres humanos, precisamente por la virtud de pertenecer al género humano, poseen ciertos derechos fundamentales e inalienables, es uno de los principios fundamentales sobre los que se forjó este país. Como proclama la Declaración de Independencia: “Sostenemos como evidentes por sí mismas dichas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables”.

Un derecho es algo que en justicia le pertenece y que establece una reivindicación frente a aquellos que le privarían de él. El derecho de una persona implica un deber equivalente en otras personas a no interferir de manera injusta con ese derecho. Por ejemplo, Ud. puede querer un empleo mejor, pero eso no significa que tenga Ud. derecho a ese trabajo.

Distintos documentos de la época de la Fundación trazan los orígenes de nuestros derechos hasta sus diferentes fuentes. Sin embargo, ya provengan nuestros derechos de Dios o de la naturaleza, el resultado es el mismo: No provienen del gobierno. En realidad, el gobierno existe para garantizar nuestros derechos.

Hoy en día existe mucha confusión en torno a nuestros derechos, en particular acerca de la idea moderna de “derechos humanos”. Aunque tanto los derechos naturales como los derechos humanos son universales, hay diferencias fundamentales entre ambos.

La primera de todas, que los derechos naturales inalienables no provienen del gobierno. Los gobiernos sólo garantizan esos derechos, es decir, crean la situación política que permite que se ejerciten. Por otro lado,  los derechos humanos son conferidos por el estado y se han convertido en término comodín para cualquier cosa que deseamos y estimamos importante. Como resultado de ello, mientras que los derechos naturales (tales como la vida, la libertad y la propiedad) son derechos que el gobierno protege de las infracciones de otras personas, los derechos humanos (tales como la vivienda o la atención médica) normalmente son cosas que el gobierno está obligado a proporcionar.

Y en segundo lugar, los derechos naturales, al ser naturales, no cambian con el tiempo. Todos los hombres, en todas las épocas, tienen el mismo derecho a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Pero por otro lado, los derechos humanos cambian constantemente. Y sin embargo, ha surgido toda una industria especializada en defender una variedad de nuevos “derechos económicos y sociales” concebidos, definidos y fomentados por el gobierno y sus burócratas.

III. Libertad religiosa

Para conocer la más clara y concisa declaración de libertad religiosa, volvemos la vista a la carta de Washington a la Congregación Hebrea de Newport, Rhode Island.

En los primeros años de su presidencia, George Washington, que era episcopaliano, redactó más de una docena de cartas a varias congregaciones religiosas (incluidas varias confesiones protestantes, a los católicos y a dos congregaciones judías) agradeciéndoles sus buenos deseos. En la carta a la congregación hebrea de Newport, en aquel momento la mayor comunidad de familias judías de Estados Unidos, el presidente Washington basa las libertades religiosas y civiles de Estados Unidos en los derechos naturales y no en la mera tolerancia. Además de fomentar la unidad nacional, añade sus propias alusiones al Antiguo Testamento.

Para Washington, la dedicación a los derechos naturales y a la ciudadanía común exige más que una mera “indulgencia de una clase de gente” hacia aquellos que profesan una fe distinta. Estados Unidos no ofrece simplemente tolerancia, que queda a discreción de quienes están en el poder, sino un nivel de ciudadanía más elevado basado en la adopción común de los derechos naturales. Los lazos de la ciudadanía común (como establecería en su Discurso de Despedida) implican unos deberes mutuos que parten de estos derechos universales. A diferencia del enfoque del multiculturalismo contemporáneo, Washington ve una diversidad de credos que surgen de una unidad ciudadana.

Por supuesto, hay límites al libre ejercicio de la religión. El gobierno federal requiere “que quienes viven bajo su protección deberían supeditarse como buenos ciudadanos”. Así uno no puede invocar la libertad religiosa para incumplir la ley. Esto violaría el Estado de Derecho, que deriva de los derechos naturales. Pero dentro de los confines de la ley, todos los ciudadanos tienen el mismo derecho de conciencia.

IV. Derechos de propiedad

El derecho a la propiedad privada es el derecho natural a adquirir, poseer y usar una propiedad. Los derechos de propiedad no sólo forman la base de la economía de mercado, sino también la del autogobierno republicano, pues están profundamente entrelazados, al igual que con la libertad del ser humano. Ser libre es ejercitar el talento de cada uno en la búsqueda de la felicidad y los derechos de la propiedad son un requisito fundamental para garantizar la justa recompensa al trabajo de cada persona. Según los Fundadores, los derechos de la propiedad son la piedra angular de una república comercial: Cuando un hombre tiene alguna propiedad (un hogar, un trozo de tierra, su propia fuente de alimento y seguridad) puede ser independiente y por tanto libre.

Para captar toda la amplitud del concepto de los derechos de la propiedad, se debe ver la propiedad menos como una posesión estática y más como una fuente dinámica de oportunidades para todos, es decir, el motor que permite que la libertad, la prosperidad y la sociedad civil florezcan. Cuando los derechos de la propiedad están asegurados y los mercados operan libremente, la economía no es un juego de suma cero en el que la gente gana un dólar tomándolo de otro, sino que más bien es un modo formidable de crear riqueza y de elevar el nivel de vida de todos.

V. Sociedad civil

Los fundamentos del éxito de Estados Unidos descansan en la relación única entre su gobierno constitucional limitado y su próspera sociedad civil. En la mayoría de las naciones, se permite que el gobierno ejerza un control invasivo sobre todos los aspectos de la vida privada y tiende a inundar las instituciones civiles. Pero Estados Unidos es diferente. Ya que la Constitución limita el poder del gobierno, el gobierno y la sociedad civil pueden coexistir pacíficamente y se refuerzan el uno al otro.

Los Fundadores de Estados Unidos sabían que una vibrante sociedad civil sería crucial para el bienestar a largo plazo de la nación. Solamente una sociedad civil sólida (no el estado) puede desarrollar ciudadanos virtuosos capaces de practicar el autogobierno. Al crear un espacio en el que la gente puede gobernarse a sí misma, la sociedad civil obliga a los ciudadanos a que se involucren en la vida pública de su comunidad. Esto garantiza que los ciudadanos adquieran y mantengan los hábitos de libertad y los rasgos de personalidad necesarios para perpetuar el gobierno republicano. Sólo las instituciones de la sociedad civil, enraizadas en la vida familiar y la comunidad religiosa, son las adecuadas, de forma natural, para la responsabilidad única de formar y desarrollar el carácter moral.

Además, la sociedad civil puede tratar los problemas sociales con un nivel de eficacia y cercanía que una burocracia pesada e impersonal es simplemente incapaz de lograr. Aunque ciertamente los Fundadores tenían la visión de un gobierno (principalmente local) con unas funciones limitadas que ayudase a aquellos que fueran realmente incapaces de ayudarse a sí mismos, también querían motivar tanto como fuese posible a las asociaciones privadas para que fomentaran la ayuda y la asistencia mutua a los menos afortunados. Comprendían que las instituciones civiles, tales como las iglesias o las organizaciones benéficas, son capaces de administrar la ayuda de manera más efectiva, puesto que las personas, de forma individual, tienen más capacidad que una gran burocracia a la hora de entender las circunstancias particulares de quienes están en situación de necesidad. Las instituciones civiles también alientan la existencia de una mayor armonía y prosperidad social, ya que la gente se siente más agradecida y más inspirada para hacer uso de la ayuda dada por sus vecinos que de la ofrecida por una impersonal agencia gubernamental.

VI. Autogobierno

El autogobierno se halla en el corazón del experimento americano de libertad. James Madison, el padre de la Constitución, habló de la decisión americana de “asentar todos nuestros experimentos políticos sobre la base de la capacidad del género humano para gobernarse”.

Puesto que todos los hombres son creados iguales, ninguno puede reclamar el derecho de gobernar a otro sin su consentimiento. Por tanto, todo gobierno es realmente un autogobierno: o en el sentido político de un gobierno basado en el consentimiento del pueblo o en el sentido moral estricto según el cual cada individuo es responsable de gobernarse a sí mismo.

Los dos sentidos del término están obviamente interconectados: Los individuos no se pueden gobernar a sí mismos como una comunidad política a menos que antes sean capaces de gobernarse a sí mismos como individuos, familias y comunidades. Por tanto, el autogobierno moral precede y completa el autogobierno político y, de ese modo, la libertad política. Es en este sentido en el que el autogobierno es el principal así como el primer y culminante principio de la libertad americana.

En Estados Unidos, la implicación del gobierno en la vida diaria debería, por tanto, ser la excepción, en lugar de la norma. Al limitar el rango y el alcance del gobierno, la Constitución protege un vasto espectro de la libertad humana en el que las principales instituciones de la sociedad civil (la familia, la escuela, la iglesia y las asociaciones privadas) florecen y conforman los hábitos y las virtudes requeridas para la libertad. Y es mediante estas instituciones como podemos garantizar lo que la Constitución denomina como “las bendiciones de la libertad”.

Como contraste, el Estado omnipresente es una afrenta al autogobierno en ambos sentidos del término. Nos usurpa nuestras vidas privadas al tratarnos como unos pupilos dependientes del estado en los que no se puede confiar para que tomen sus propias decisiones. De manera inevitable, eso desplaza a la sociedad civil y socava la mentalidad de que somos responsables los unos de los otros. Y delega más y más poder en burócratas no electos e irresponsables, erosionando así el carácter republicano de nuestro régimen.

VII. El Estado de Derecho

El principio del Estado de Derecho sostiene que la sociedad debe ser gobernada por normas adecuadamente promulgadas y conocidas que se aplican por igual a todos los ciudadanos, no mediante decretos arbitrarios de los responsables del gobierno.

El requerimiento más básico del Estado de Derecho es que las leyes deben ser vinculantes por igual para todos los ciudadanos. Ninguna persona (no importa lo rica o poderosa que sea) puede ignorar la ley y ninguna persona está desprotegida por la ley. Por supuesto, a las personas se les aplican leyes diferentes en circunstancias diferentes. Por ejemplo, es legal beber alcohol, pero es ilegal beber mientras se maneja. Pero la prohibición de manejar bebido se aplica a todos los conductores, ya sean una actriz famosa, un juez o un repartidor de pizzas.

Igualmente importantes son los estándares a los que debe ajustarse la elaboración de leyes. Las leyes deben ser redactadas por legisladores responsables y electos, que se adhieran al proceso legislador formal establecido en la Constitución. Las leyes no pueden ser simplemente dictadas mediante los decretos arbitrarios de los responsables gubernamentales. Una vez aprobadas, las leyes deben ser públicamente difundidas de modo que todos comprendan qué leyes deben obedecer.

De forma similar, ciertas categorías de leyes arbitrarias o injustas están totalmente prohibidas. Por ejemplo, ninguna ley puede declarar que una acción es un crimen después de que esta haya ocurrido. Tal ley subyugaría a los ciudadanos a los caprichos del gobierno.

Cuando se violan las leyes, el Estado de Derecho requiere de un proceso rutinario, formal e imparcial para el cumplimiento y ejecución de la ley. Por ejemplo, los jueces no pueden decidir de manera arbitraria eximir a sus conocidos de las consecuencias de violar la ley. La ley se debe aplicar de forma coherente.

VIII. Federalismo

 El federalismo es un sistema de gobierno en el que los poderes están divididos entre un único gobierno nacional y varios gobiernos estatales o provinciales. Es lo opuesto a un gobierno centralizado en el que todas las leyes y normativas parten del gobierno nacional. La Décima Enmienda (que declara que los poderes no concedidos al gobierno federal están reservados “a los estados o al pueblo”) afirma que nuestra Constitución establece un sistema de gobierno federal.

El federalismo es un principio básico de la libertad pues protege la flexibilidad local y la autonomía. Garantiza que el poder se ejercite a los niveles más cercanos y responsables posibles. En un país tan extenso y diverso como Estados Unidos, un modelo único para todos nunca funcionaría. Los gobiernos locales y estatales están mucho mejor situados que los representantes de Washington DC para promulgar leyes que respondan de manera efectiva a las necesidades particulares de sus conciudadanos.

Lo que es más importante, el federalismo crea una competencia entre los diferentes estados y los motiva para implementar las normativas que sean más efectivas. Si un estado obstaculiza la economía al imponer unos impuestos elevados y unas regulaciones gravosas, sus empresas y residentes se trasladarán a un estado más favorable para el empleo. Así, en Estados Unidos, vemos que los estados con impuestos bajos y un entorno favorable para las empresas han experimentado un fuerte crecimiento de población mientras que los estados mal gobernados pierden habitantes.

IX. La separación de poderes

El principio de la separación de poderes establece que los diferentes poderes del gobierno deberían estar divididos en diferentes administraciones específicas y no concentradas en una sola. En Estados Unidos, el Congreso elabora las leyes, el presidente las hace cumplir y los tribunales dirimen las disputas que surgen de acuerdo con las leyes vigentes.

La separación de poderes es esencial para conservar la libertad. La historia ha demostrado repetidas veces que siempre que una persona (por ejemplo, un rey) o un grupo de hombres (digamos el comité central de un partido comunista) acaparan todo el poder, el gobierno, inevitablemente, socava el Estado de Derecho y abusa de los derechos de sus ciudadanos. Pues tal es naturaleza del poder, que provoca que se haga un uso abusivo de él a menos que se limite.

Por tanto, la Constitución separa y combina los poderes de gobierno en tres facetas distintas. Esto permite que cada poder de gobierno resista las intrusiones provenientes de los otros poderes e impide que una faceta de la administración aglutine todo el poder. Por ejemplo, si el Congreso trata de aprobar una ley que usurpa el poder ejecutivo del presidente, este tiene el poder de vetarla.

Es importante recordar que el fin último de la separación de poderes no es la eficiencia sino la libertad. Por ejemplo, las monarquías absolutas son muy eficientes pero abusan de los derechos de sus ciudadanos. Al separar los poderes de gobierno, la Constitución de Estados Unidos garantiza que cualquier intento de infringir la libertad del pueblo por parte de uno de los poderes puede ser controlado por los otros dos.

X. El papel de Estados Unidos en el mundo

Estados Unidos tiene un papel especial en el mundo, que se basa en la naturaleza universal de sus principios fundacionales. Debido a que Estados Unidos está dedicado a la noción de que todos los hombres (no sólo todos los americanos) son creados iguales, debe adoptar una política exterior que refleje las verdades políticas que lo definen. Por tanto, el papel de Estados Unidos en el mundo es defender los principios de libertad, independencia y autogobierno. Y sus intereses nacionales están definidos y conformados por esos principios.

Eso no significa que Estados Unidos tenga el deber de intervenir o derrocar todos los regímenes tiránicos y de establecer gobiernos republicanos por todo el mundo. Dicho esto, Estados Unidos puede decidir que en ciertos casos el despotismo es necesario con el fin de proteger sus intereses, defender la libertad y conservar la paz. Pues no cabe duda de que la política exterior es siempre una cuestión de prudencia.

© Heritage.org (Versión en inglés) | © Libertad.org (Versión en español)

Este artículo pertenece a la serie Principios Fundacionales

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David Azerrad