Unión Europea: 60 años después

Durante las pasadas semanas he examinando los argumentos de la izquierda y la derecha respecto al proyecto de la Unión Europea. Como conclusión presento este análisis para examinar el estado de la UE y su futuro.

El conocido como Brexit, el deseo del electorado británico de dejar la Unión Europea, estremeció a los mandamases en Bruselas y ha puesto en entredicho el futuro de la Unión Europea. A ello hay que sumarle la creciente crisis económica y el tema de la inmigración.

Este mes se conmemoran 60 años de la firma del Tratado de Roma que marcó el comienzo de este proyecto de integración económica y política y que encuentra en un momento crucial de su historia. Este tratado funda la Comunidad Económica Europea (CEE), la Comisión Europea y muchas otras instituciones de política pública como la Política Agraria Común (PAC). Este tratado fue la base para el proceso de integración, la expansión de miembros y dio pie para el Tratado de Maastricht y el de Lisboa para mayor integración.

Esta integración ha sido constante fuente de controversia, despertando ambivalencia entre los Estados miembros. Por ejemplo, cada vez que el pueblo derrotaba en las urnas los intentos de mayor integración, los políticos le daban la vuelta a través de medidas parlamentarias. Por tanto, la marcha por la integración continuó incluso después de derrotas electorales.

Otra de las controversias dentro del proyecto tiene que ver con las excepciones que ganan ciertos Estados miembros, por ejemplo Dinamarca, sobre directivas y políticas establecidas para todos los demás miembros mediante los tratados y la Comisión.

Me parece que estos dos ejemplos reflejan el problema fundamental del proyecto. Hay un divorcio entre el electorado y sus gobiernos nacionales. Después de 60 años existe escepticismo y ambivalencia sobre el proyecto de integración. Se ve no sólo en las derrotas al proyecto en las urnas y la pobre participación electoral cuando se llama a elecciones europeas, sino también en las luchas entre la Comisión y los gobiernos nacionales, Las excepciones a diferentes políticas han terminado creando dos tipos de miembros dentro una Unión que aspira fanáticamente a una integración completa. A ello hay que sumarle la insidiosa burocratización del proceso político. Muchos Estados, pero sobre todo los pueblos, detestan la imposición de política pública desde Bruselas. Es un proceso poco transparente y en el que burócratas no tienen que rendirle cuentas a nadie de su gestión. Los pueblos de Europa lo ven como antidemocrático – y lo es.

Quizás Brexit haya sido lo más chocante hasta el momento, pero hay otros enormes problemas como el caos para y por países como España, Grecia, Portugal y otros. La estabilidad del euro está en entredicho debido a la inestabilidad financiera de varios miembros ya que hay importantes diferencias filosóficas sobre el gasto público, la regulación, la inflación, etc. Para terminar de complicar el panorama, hay enormes diferencias, insalvables diría yo, sobre el tema de la inmigración hacia la Union Europea que ponen en duda la visión integracionista como el futuro a seguir.

La reacción de Bruselas ha sido integrar a marchas forzosas centralizando más poder para los burócratas a nivel europeo. Basta con ver el documento publicado este mes en donde la Comisión Europea presenta una series de propuestas para el futuro de la Unión. Este documento sugiere cinco escenarios del estado de la Unión para el año 2025. El primero es continuar con los planes de futuro de la Union establecidos en 2014. El segundo se enfoca sólo en el mercado común. El tercero permite la cooperación entre Estados miembros sin necesariamente contar la participación de todos los miembros. El cuarto propone que la Unión se enfoque en unas cuantas áreas específicas de política pública. El quinto es que se acelere el proceso de integración.

Como podemos notar ninguna de las propuestas lidia con el problema principal que es la apatía a “más Europa”, a más integración. El Brexit y el rápido crecimiento de partidos euroescépticos por toda la Unión Europea es señal de que más Europa no es una solución aceptable para muchas naciones sino que puede terminar empeorando la situación. Después de 60 años del experimento de integración, los miembros de la Unión Europea deben volver sus ojos al futuro de su unión. Tendrán que decidir si es uno de verdadera y posible integración política o quizás sólo de cooperación económica entre Estados nacionales. Si no lo hacen, el proyecto se les saldrá de las manos – francamente van por ese camino.

 

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