La imperfecta democracia

Soy un ferviente defensor de la democracia como sistema de gobierno. No pretendo en esta nota insinuar que exista una mejor forma de gobierno que aquella en la cual los gobernantes son elegidos por el pueblo en elecciones libres y transparentes. Simplemente deseo señalar que la democracia tiene sus limitaciones y que un Estado democrático moderno no puede apartarse del cumplimiento de la ley y el respeto a los derechos individuales. Es decir, un Estado debe ser democrático y de derecho.

Escribo esto porque a menudo se escuchan estupideces como “la voz del pueblo es la voz de Dios” o “el pueblo no se equivoca” que se invocan para justificar todo tipo de atropellos a los derechos humanos. El voto popular no puede ser usado para justificar abusos y violaciones de los derechos humanos como ser el derecho a la vida, al debido proceso, a la libertad y a la propiedad privada.

Para dar ejemplos didácticos, no es lícito que dos personas se suban a un taxi, realicen una votación entre los presentes para determinar quiénes serán los nuevos dueños del vehículo, y que bajo el pretexto de que democráticamente se decidió sobre la propiedad del mismo, el taxista tenga que bajarse y abandonar lo que hasta hace instantes le pertenecía. Asimismo, no es lícito que dos hombres decidan violar a una mujer, bajo el pretexto de que dos tercios de los presentes así lo decidieron. Mis ejemplos pueden parecer grotescos, pero son muy análogos a cosas que suceden en la realidad donde gobiernos se amparan en el apoyo de las mayorías y en victorias democráticas legítimas para cometer abusos y violaciones a la libertad, propiedad y dignidad de las personas. Es preciso entender los límites de la democracia para poder identificar cuando los gobernantes abusan de ella, o mejor dicho cuando violan derechos humanos en su nombre. Es necesario educar al pueblo sobre la importancia de un Estado de Derecho y no solamente un Estado democrático. Es imperioso hacer de cada ciudadano un defensor de los derechos individuales. Solo así tendremos gobiernos que no violen las leyes ni usen el poder de la democracia para abusar de otros. Éste es un requisito indispensable para que una sociedad puede vivir en paz.

Podemos citar casos históricos sobre casos donde la democracia se utilizó para violar derechos humanos. Hitler por ejemplo llegó al poder en Alemania mediante el sistema democrático e inmediatamente empezó a restringir la libertad de los judíos y a violar sistemáticamente sus derechos. Estados Unidos y Sudáfrica mantuvieron por mucho tiempo esquemas de segregación y discriminación contra los negros, a pesar de ser Estados democráticos. La Revolución Francesa fue un alzamiento popular que acabó con la monarquía pero instauró reinados del terror amparados en el pueblo.

En un Estado de Derechos la libertad y la propiedad individual no pueden ser sujetas a decisiones “democráticas”. No se puede invocar el apoyo de las mayorías para caprichosamente apropiarse de los bienes de persona alguna o privarle de libertad. Permitir que bajo el amparo de la democracia y el apoyo de las mayorías se violen derechos humanos y se restrinjan las libertades individuales es dar paso a la tiranía.

 

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