Argentina: De país rico a pobre y sin esperanzas

Argentina era un país emergente a mediados del siglo XIX y reconvirtió sus instituciones siguiendo el recetario liberal. El resultado fue muy notable, porque la Argentina de hace cien años era un país notablemente próspero. Sin embargo, la evolución desde entonces ha sido chocante. Mientras el resto del mundo ha experimentado un salto adelante muy importante en términos de desarrollo, multiplicando por diez su PIB per cápita, Argentina se ha quedado atrás, con un aumento apenas tres veces menor.

De este declive habló recientemente el destacado economista Ricardo López Murphy en una charla impartida en la Universidad para el Progreso de Chile. «La consecuencia de haber frenado nuestro ritmo de desarrollo ha sido un empobrecimiento relativo notable. No hablamos de un colapso económico como el venezolano o el cubano, pero sí de una marcada decadencia, de un declive que rompe con la tendencia económica mundial, que ha sido abrumadoramente más favorable. Cuando yo era joven, nadie habría salido de Argentina para poner rumbo a España o Italia. Hoy ocurre todo lo contrario», señaló.

Quien fuera ministro del presidente Fernando De la Rúa apuntó que «a comienzos del siglo XX, el PIB per cápita argentino era tres veces mayor que el del resto de países de la región. El nivel de vida del país en aquella época era comparable al de Canadá. Sin embargo, esa ventaja relativa se fue esfumando con el paso del tiempo, conforme el país se iba alejando de las ideas liberales y se dejaba seducir por las teorías económicas del fascismo italiano, de marcada raíz intervencionista».

«El golpe a la economía argentina se explica, principalmente por factores domésticos: inflación excesiva, desorden crónico del gasto público, prevalencia de las ideas proteccionistas y excesos regulatorios. Hay factores internacionales complementarios, pero la decadencia ha sido, ante todo, el producto de una política económica equivocada. Por encima de cualquier otro elemento, el daño a la economía ha sido especialmente grave por el problema reiterado de inflación y por la incapacidad crónica de ajustar las cuentas publicas», denunció el ponente.

López Murphy recordó que, de 1900 a 1945, el crecimiento medio de Argentina rozó el 3.7% mientras que el PIB global avanzaba al 2.3%. Entonces, el nivel de inflación medio era del 1.6%, frente al 1.9% de Estados Unidos. «Sin embargo, la tónica en la segunda mitad del siglo XX ha sido muy diferente. El crecimiento ha sido mucho menor. Los precios se han descontrolado hasta el punto de que hemos llegado a niveles de inflación del 40% durante la última década. Y el déficit, que se mantuvo más o menos controlado hasta la II Guerra Mundial, se disparó desde entonces, hasta llevarnos a escenarios reiterados de incumplimientos fiscales muy importantes».

En opinión del presidente de la Fundación Cívico Republicana, «el tamaño del Estado en la economía argentina es enorme, ronda el 40% del PIB. Son niveles que se pueden financiar, no sin coste, en países europeos que son dos, tres o cuatro veces más ricos, pero hablamos de niveles insostenibles para la riqueza de nuestra economía».

«El stock de capital en Chile se multiplicó por dieciocho durante el último medio siglo. Para ese mismo periodo, Argentina solo triplicó su capitalización. La caída de la inversión privada, doméstica o internacional, ha frenado nuestras perspectivas de desarrollo de forma devastadora. Por eso nosotros nos hemos empobrecido mientras nuestros vecinos se han enriquecido», explicó López Murphy. «Este paradigma socioeconómico nos deja en situaciones muy preocupantes. Hay provincias donde ni siquiera el 10% de los ciudadanos paga impuestos. La tasa de empleo informal ronda el 30%. Los niveles de pobreza y rural han subido mientras el resto del mundo experimentaba la tendencia inversa y reducía estos niveles», recalcó.

¿Y qué hay del futuro, ahora que se acercan las elecciones presidenciales? «El gobierno argentino ha incurrido en distintos errores. De entrada, no ha corregido los déficits fiscales tan pronunciados que había heredado del régimen kirchnerista. En segundo lugar, sus proyecciones de crecimiento fueron ridículamente elevadas, generando una falsa expectativa de recuperación que ha aumentado la decepción y el malestar. Otro problema es la aplicación de una política gradualista, que no adopta medidas más profundas y deja las reformas a medio camino. Pero volver al kirchnerismo no puede ser, en absoluto, la solución a estos problemas, puesto que buena parte de ellos se generaron o multiplicaron bajo los gobiernos de Néstor y Cristina».


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