Thomas Jefferson: La pluma de la libertad

Thomas Jefferson ocupa un lugar especial entre los americanos por ser el autor de las inmortales palabras de nuestra Declaración de Independencia. Con su magnífica pluma, Jefferson logró establecer la idea fundacional de Estados Unidos: Todos somos creados iguales y dotados de derechos inalienables como a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad. Como hijo de la Ilustración, al poner por escrito estas ideas completamente revolucionarias para la época para así llevarlas a la práctica, Jefferson transformó lo que habría sido un simple documento político más en una proclamación de los más elevados ideales de Estados Unidos y del espíritu humano. La Declaración de Independencia es indudablemente uno de los documentos más influyentes en la historia de la humanidad. De hecho, pocas palabras han sido tan inspiradoras como las de Jefferson para propagar la libertad por el mundo entero.

Virginiano de nacimiento, fue desde pequeño un estudiante brillante y perseverante. Firme creyente en los beneficios de la educación, empezó sus estudios universitarios a los 16 años. A los 26 entró a la política como representante de Virginia, donde trabajó durante cinco años. En los albores de la Revolución Americana, pronto se vio embargado por los emergentes sentimientos antibritánicos en las colonias. Entre sus más importantes escritos está un conjunto de instrucciones propuestas a los delegados de Virginia al Primer Congreso Continental, donde pedía al rey que reconociera los derechos naturales de los colonos.

En junio de 1775, Jefferson llegó a Filadelfia ya para actuar como delegado en el Segundo Congreso Continental. Allí redactaría a sus 33 años su obra maestra, la Declaración de Independencia, documento que él mismo definió como “el acta declaratoria de nuestros derechos”. Sus inspiradoras palabras sirvieron para darle forma y expresión a la idea de libertad e igualdad. Alexis de Tocqueville lo llamó “El más potente apostol de la democracia que alguna vez haya existido”. El presidente Abraham Lincoln nos recordó cien años después que: “Los principios de Jefferson son las definiciones y axiomas de la sociedad libre”. Y doscientos años después inspiraron a Martin Luther King Jr. en la lucha por los derechos civiles.

Una vez de regreso a la vida política de Virginia, revisó las leyes de Virginia para hacerlas más democráticas. Así, Jefferson propuso y logró la derogación de la primogenitura (ley que concedía el derecho de herencia exclusivo al primer hijo) y el mayorazgo (ley que limita la herencia a una línea de herederos descendente) así como el establecimiento oficial de la libertad de culto. Jefferson también es famoso por su formulación de la separación Iglesia-Estado​ y por ser el autor del Estatuto para la Libertad Religiosa de Virginia. En 1779 fue elegido gobernador de Virginia donde sirvió un mandato y renunció agradecidísimo de poder volver a la vida civil.

En 1785, Jefferson viajó a Francia elegido como el reemplazo diplomático de Benjamín Franklin. Por ello no pudo asistir a la Convención Constitucional donde se redactó la Constitución de Estados Unidos, que se ratificó en 1787.  El documento era extraordinario y revolucionario —lo nunca visto— pero desafortunadamente incompleto en muchas protecciones civiles. A pesar de la distancia geográfica, Jefferson jugó un papel decisivo en su mejora al sugerir la inclusión de una carta de derechos civiles en la Constitución. Al recibir una copia de la ratificada Constitución, Jefferson le escribió esa famosa carta a James Madison en la que lo convence de la imperiosa necesidad de asegurar los derechos individuales del pueblo por escrito.

“A lo que el pueblo tiene derecho es a una declaracion de derechos contra todo gobierno sobre la Tierra, sea general o particular, y lo que ningún gobierno justo debe denegar o relegar a la ley tácita”.

 Jefferson convenció a Madison, pero convencer a los demás fue más difícil. Llevó 4 años de batallar político, pero finalmente la Carta de Derechos que Jefferson inspiró y Madison redactó fue aprobada el 15 de diciembre de 1791 y sus 10 enmiendas hacen parte fundamental de la Constitución de Estados Unidos.

En 1789, Jefferson regresa de Francia y el nuevo presidente, George Washington, lo nombra como nuestro primer secretario de Estado. Allí conoce a Alexander Hamilton y la rivalidad entre estos dos Padres Fundadores desemboca en la creación de los primeros partidos políticos de la emergente nación. En 1800, Jefferson gana las elecciones y se convierte en el tercer presidente de Estados Unidos, después de los mandatos de Washington y John Adams.

El presidente Jefferson, en su primer discurso inaugural, nos presenta su visión de gobierno limitado, dedicado a una “justicia igual y precisa” para todos sin importar el trasfondo político o religioso. Sin duda, lo más destacado de los dos mandatos de Jefferson como presidente fue la adquisición del Territorio de Luisiana a Francia en 1803, lo que casi duplicó el tamaño de nuestra joven república y que comisionó la expedición de Lewis y Clark (1804–1806) para explorar y cartografiar el nuevo territorio hacia el Oeste y tratar de llegar de forma segura al Océano Pacífico antes que otras potencias de la época. Al término de su presidencia, dejó la política y se dedicó feliz sobre todo al tema de la educación. Jefferson siempre creyó en la importancia de la educación para la libertad y veía la ignorancia como el enemigo del autogobierno: Los ciudadanos libres, para seguir siendo libres, necesitan educarse. Su gran contribución en este campo fue la fundación de la Universidad de Virginia.

Como hombre de muchos y enormes talentos, Jefferson habría de convertirse, en distintos momentos de su vida, en gran visionario, reformista radical, agricultor, filósofo, escritor, científico, educador, arquitecto, arqueólogo, paleontólogo, inventor, músico y estadista. Una vida tan extraordinaria proporcionaría los más impresionantes epitafios. Pero Jefferson dejó instrucciones explícitas de cómo quería ser recordado; pedía que solamente se mencionaran tres logros en el obelisco de su tumba en Monticello, que dice: “Aquí fue enterrado Thomas Jefferson, autor de la Declaración de Independencia Americana, del Estatuto de Libertad Religiosa de Virginia y Padre de la Universidad de Virginia”.

Jefferson afirmó que la DecIaración de Independencia es simplemente una  “expresión de la mente americana”. Sin embargo, fue mucho más ya que la nación se fundó en una idea y sus escritos y obras dieron vida a esa idea, moldeando así la mente americana. Thomas Jefferson nos comprometió desde el principio como americanos a la libertad, a la igualdad, a los derechos individuales y a la libertad religiosa. Todo ello explica en gran medida el éxito de nuestra república y aún define nuestro carácter nacional.

 

© Heritage.org (Versión en inglés) | © Libertad.org (Versión en español)

Este artículo pertenece a la serie Principios Fundacionales

Otros artículos de

Dorothea Wolfson