La obsesión por cifras e indicadores

Durante las últimas semanas en Chile, al igual que en muchos países de América, se están debatiendo una serie de indicadores que reflejan el proceso de desarrollo y progreso, o deterioro de este, en diferentes facetas del desarrollo social.

No es sorpresa para nadie, menos aun tomando en cuenta quienes ostentan el poder de turno, es que todos los indicadores son favorables para todos los países, es decir no importa si han bajado o estancado, lo importante es demostrar que las cifras y los indicadores sustentan o demuestran el éxito de modelos o sistemas.

En el caso de Hispanoamérica, el Índice de Libertad Económica de la Fundación Heritage nos demuestra un claro retroceso en puntajes y posiciones.  Sin embargo esto parece no preocupar a quienes so pretexto de “desilgualdad  y justicia social”  hacen todo lo posible para aumentar el rol del Estado y restringir la libertad de las personas.  Es importante entender que los amigos de la libertad en general somos pocos, eso se ha debido en gran medida a una dificultad de entregar una difusión de ideas efectiva en defensa de nuestros principios, debiendo en muchos casos tener que sortear entre “liberalillos” que farandulizan las ideas, las banalizan y las llevan a un extremo irreal que crean una natural reacción de miedo y horror.

A estos personajes les obsesionan otros tipos de indicadores, como lo son los post en contra que puedan registrar en su Facebook, las iracundas réplicas de seguidores en Twitter o el número de invitaciones a programas de TV o radio en donde son las meras curiosidades extremistas para divertir una audiencia siempre crítica.

Ante esta obsesión por las cifras e indicadores nos podemos encontrar en un mar de desconcierto y muchas veces desaliento, en donde el trabajo muchas veces silencioso encuentra su tierra fértil, avanzando lento pero seguro, ¿no es acaso el rol de quienes propagan ideas? En efecto quienes creemos en los principios de la sociedad libre no podemos dejar de ser optimistas, a pesar de lo adverso del escenario y  escases de reconocimiento, en sí quienes nos declaramos liberales no buscamos que todo el mundo lo sea, pero sí buscamos que vivan y ejerzan la libertad.

Imponer una forma de pensar y ser intolerantes a quienes piensan distinto es una clara señal de estar más vinculados a ideas totalitarias, por cierto criminales, que en vez de favorecer la propia búsqueda de la felicidad.  Es por ende un desafío mayor influenciar en el clima de  opinión con el rigor y perseverancia de quienes no buscamos figurar, o indicadores de televisión, y nos dedicamos a la difusión lenta de la ideas debatiendo conceptos, procesos y entrando en un debate con altura de mira.

Las atrocidades del comunismo en tres siglos nos ha dejado un saldo sangriento que es un recordatorio constante de lo que es la intolerancia, la envidia y olvidar nuestra humanidad, a pesar que muchos defienden esos horrores no quiere decir que estén en lo correcto, a pesar de lo que nos pueda señalar un buen intencionado pero ingenuo político o sacerdote.

¿Las cifras son importantes y los indicadores relevantes? Aunque se lea contradictorio lo son, pero no son el fin sino un simple diagnostico transitorio que debe ser tomado en cuenta con un trasfondo de ideas, se debe tener razón de cuanto avanzamos pero eso no es simple estadística es también constatar de qué manera nuestro mensaje permea o no en nuestra sociedad, encerrarnos en las cifras es una cómoda posición que nos puede llevar al abismo.  Es la búsqueda del sentido, de aquel sendero de libertad, que va más allá de uno que otro porcentaje   sino un conjunto de ideas que nos permita vivir en progreso y prosperidad, sin odio, en paz.

 

© Libertad.org

 

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