No diga «capitalismo»

Un eufemismo es una palabra o expresión más suave o decorosa con que se sustituye otra considerada tabú, de mal gusto, ofensiva, grosera o demasiado franca. Los de Santa Cruz, Bolivia, hemos acuñado un término que no puede ser catalogado de otra manera que como eufemismo: el modelo productivo cruceño. El mentado modelo no es otra cosa que un sistema de propiedad e iniciativa privada, ergo un sistema capitalista. Y como todo sistema capitalista, funciona, y genera riqueza, saca a miles de persona de la pobreza, crea movilidad social y hace que se diluyan las castas clasistas para reemplazarlas por líderes emprendedores y exitosos de toda laya, raza, nacionalidad y origen socioeconómico.

Pero decir capitalismo es anatema. Defender el capitalismo es sacrílego, herético, inmoral, estúpido. Entonces tenemos que encontrar un paliativo, un maquillaje, un eufemismo: El modelo productivo cruceño. Esta expresión tiene dos ventajas: la primera, que evita nombrar la palabra innombrable, la causante de todos los males del mundo, la semilla de Belzebú, de Satanás. Por otro lado, tiene el mérito de dar la impresión de que los cruceños han inventado algo, que tienen algo novedoso en cuando a teoría y práctica de organización social se refiere, algo nunca antes visto para ofrecer al mundo y para que el mundo lo copie. Entonces hablar del “modelo productivo cruceño” puede generar cierta autoestima y orgullo, puede llevar a pensar que los cruceños somos originales.

La realidad es que no hay nada de original ni de cruceño en el modelo productivo cruceño, o por lo menos en cuanto a las características del modelo. La originalidad está en el eufemismo.

El modelo funciona y ha hecho de Santa Cruz el mayor reductor de pobreza del país, el polo de atracción de la migración local y foránea y la tierra de las oportunidades incluso a nivel de Latinoamérica. El modelo funciona. Para no confundir a futuras generaciones, para preservarlo y defenderlo en realidad deberíamos llamarlo por su nombre: Capitalismo.

 

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