El costo de la política del calentamiento global

Se acaba de estrenar un documental del famoso actor Leonardo DiCaprio titulado Beyond the Flood (Mas allá de la inundación) que se centra en el “calentamiento global”. Además en pasados meses, gobiernos de todo el mundo ha estado ratificando los acuerdos de Paris promulgados por la ONU para combatir el calentamiento global. Este asunto del calentamiento global está arrasando en todas las esferas políticas y sociales con un enorme sentido de urgencia que empuja a realizar un cambio del bienestar para el planeta. No soy experto del calentamiento global, aunque tengo mis serias dudas sobre el argumento del calentamiento global como producto humano. No obstante, quisiera poner el foco en las predicciones apocalípticas que científicos, políticos y celebridades repiten en la palestra pública y que influyen en la política pública adoptada por gobiernos de todo el mundo. El costo económico y social de semejantes propuestas afectan a miles de personas alrededor del mundo.

Estas predicciones son vastas y preocupantes, tanto así que muchas de ellas ya forman partte del desarrollo de política pública ambiental. Las más publicitadas vienen de políticos. Uno de ellos es el excandidato presidencial de Estados Unidos, Al Gore, quien declaro en 2006 que sólo nos quedaban 10 años para resolver el problema del calentamiento global, sino la crisis alcanzaría el punto de no retorno. El ministro de Relaciones Exteriores de Francia declaro en 2014 que 500 días eran los que faltaban para resolver la crisis climática o si no nos sumiríamos en el caos climático.  En 2009, la líder del Partido Verde de Canada declaró: «Tenemos horas para actuar y evitar un tsunami a cámara lenta que podría destruir la civilización tal como la conocemos». Y qué decir de la ONU, que tienen también una larga lista de fallidas predicciones de la perdición de la humanidad, declarando a final de la década de los años 1980 que la humanidad tenía una década o pagaría las consecuencias. En 2007, el exdirector del Panel de la ONU sobre el calentamiento global, expresó que quedaban cuatro años para salvar al mundo. Después de tanto alarmismo, histeria, predicciones apocalípticas y de perdición, aquí seguimos. No ha pasado ni pasará nada.

Pero estas predicciones sí han cambiado la política pública de muchos países del mundo y los han obligado a reducir las emisiones de C02. Un gran ejemplo es la regulación de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de Estados Unidos. Esta regulación afecta directamente a las plantas eléctricas que producen energía con combustibles fósiles. Eso conlleva costos eléctricos más altos y la pérdida de empleos particularmente en la industria de producción energética del  carbón. Los cierres de este tipo de plantas en nombre del calentamiento global ya ha traído la destrucción de comunidades que dependen del carbón para el empleo así como para la diversidad energética del país. También es importante resaltar que, para implementar esta política “verde”, la cantidad de dinero público que se está invirtiendo en alternativas energéticas no probadas o alternativas que a corto plazo no son productivas.

Hay mucho detrás del mantra del calentamiento global y cuestiono las soluciones que se están presentando. No es justo implementar regulaciones que conviertan en económicamente no viable a ciertas industrias. Tampoco es justo que países ya desarrollados estén cuestionando a países no desarrollados por el uso de fuentes de energía económicamente viables para su desarrollo. No debe sorprender que los grandes proponentes de estas políticas, son parte de la elite metropolitana izquierdista a la que poco afectan las políticas que proponen – por ahora. Cuando se trata de política pública, la histeria y las predicciones apocalípticas, no son nunca buenas consejeras. Ahí es cuando los políticos se aprovechan del caos para imponernos más regulación y recortar nuestras libertades individuales. ¡Alerta!

 

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